La mesa de los argentinos atraviesa una transformación forzada por el bolsillo. La carne vacuna, históricamente el pilar de la dieta nacional, se ha convertido en uno de los principales motores de la inflación.
Durante febrero, el precio de la hacienda en pie saltó un 8,5%, consolidando un aumento interanual del 72,7% en el Mercado de Cañuelas.
Este fenómeno ha empujado el valor del kilo vivo a su nivel relativo más alto de los últimos 15 años, un impacto que se traslada de forma inmediata a los mostradores de La Plata y todo el país, donde la premisa es clara: se paga más por mucho menos.
El incremento no es casualidad, sino el resultado de una "tormenta perfecta" en el sector:
Falta de oferta: Tres años de sequía obligaron a los productores a liquidar stock anticipadamente, reduciendo la cantidad de terneros disponibles.
Presión estacional: El inicio del año siempre tracciona los precios al alza, especialmente en las categorías más livianas y consumidas.
Factor cambiario: En términos de dólares, el ganado subió un 11,7% mensual, alcanzando los US$ 2,70 por kilo vivo.
En las carnicerías de la región, el ajuste es diario. Cortes populares como la paleta, el cuadril y la nalga subieron cerca del 8% en solo un mes. El asado, termómetro indiscutido del consumo familiar, ya promedia los $16.800 por kilo.
Incluso el pollo entero, históricamente el refugio de los presupuestos ajustados, subió un 10,2% en febrero, superando el ritmo de la carne vacuna y dejando a los consumidores locales con cada vez menos alternativas de proteína accesible.
Los números del consumo son elocuentes: en el primer bimestre del año, la demanda cayó un 13,8%. Con un promedio de 47,3 kilos por habitante al año.
Argentina registra hoy su nivel de consumo más bajo en 20 años, quedando a años luz de los casi 70 kilos que se consumían en 2008.
Mientras el mercado interno se achica, la industria mira hacia afuera. Las exportaciones crecieron un 6,6%, con cortes enviados a EE. UU., Israel y Europa.
Sin embargo, este perfil exportador tiene su contracara social: frigoríficos como Arrebeef ya reportan suspensiones masivas ante la caída de la actividad en las plantas que abastecen el consumo local.