La problemática de las estafas por llamadas en Argentina ha encontrado un nuevo y fértil territorio: el sistema penitenciario.
Lo que antes eran casos aislados de "cuentos del tío", hoy se ha transformado en una industria delictiva organizada que opera con estructuras similares a las de un call center corporativo, pero con el objetivo de vaciar cuentas bancarias y extorsionar víctimas en todo el país.
Según datos que han encendido las alarmas judiciales y sociales, el uso de telefonía móvil dentro de las prisiones, lejos de estar controlado, se ha masificado a niveles inéditos, permitiendo que el delito no se detenga tras las rejas.
El crecimiento de esta modalidad delictiva se refleja en estadísticas contundentes que muestran un desfasaje entre el control penitenciario y la tecnología:
Explosión delictiva: Las estafas telefónicas originadas en las cárceles aumentaron un 300% desde el año 2020.
Denuncias récord: Solo en 2024 se registraron más de 34.000 denuncias por delitos informáticos, muchas de ellas vinculadas a redes carcelarias.
Celdas conectadas: Se estima que en las cárceles bonaerenses hay casi 50.000 celulares en uso. La cifra es aún más impactante al considerar que hasta el 85% de la población carcelaria tendría acceso a un dispositivo.
Lo más grave del informe radica en la complejidad de las redes. No se trata de individuos actuando solos, sino de redes criminales confirmadas por investigaciones judiciales que operan con:
Cómplices externos: Coordinación logística fuera de los penales para el cobro o blanqueo del dinero.
Identidades falsas: Uso de ingeniería social y manipulación psicológica para engañar a las víctimas.
Estructura de "Call Center": División de tareas, guiones de estafa y turnos para maximizar el alcance de los llamados.
El debate sobre el acceso libre a celulares dentro de los penales vuelve a estar en el centro de la escena política. Mientras las víctimas se multiplican, la pregunta sobre la implementación de inhibidores de señal y protocolos de control más estrictos se vuelve urgente.