La historia de La Plata Rugby Club (LPRC) está indisolublemente ligada a los años más oscuros de la Argentina reciente. Fundado el 20 de marzo de 1934, el club de la ciudad de La Plata no cumplía con el tópico que asociaba al rugby con la clase alta o las derechas.
Lejos de eso, el LPRC era conocido por los clubes del norte del país como una verdadera "escuela de guerrilleros".
En medio del polvorín político que sacudía al país, los jóvenes jugadores del equipo de La Plata compartían ideales de la época, solidaridad y una fuerte vocación militante.
"Había laburantes, o algunos que dejaban la facultad y se proletizaban, tenían ideales de esa época, eran solidarios, militantes", relata Raúl Barandiaran, el único sobreviviente del equipo cuyo testimonio sirvió de base para la novela Los silenciados de Claudio Fava.
Algunos de ellos optaron por la lucha armada, mientras que otros militaban en organizaciones estudiantiles y políticas. Al momento de las desapariciones, algunos aún jugaban en primera o en las inferiores.
La lista completa de los veinte muertos y desaparecidos del LPRC, que tenían entre 20 y 31 años al momento de su asesinato o desaparición, la integran:
ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo): Hernán Rocca, Pablo del Rivero, Hugo Lavalle, Abigail Attademo y Eduardo Navajas.
PCML (Partido Comunista Marxista Leninista): Abel Vigo, Eduardo Merbilhaá, Marcelo Bettini y Mario Mercader.
UES, JUP y Montoneros: Jorge Moura, Rodolfo Axat, Luis Munitis, Alejandro García Martegani, Otilio Pascua, Pablo Balut, Santiago Sánchez Viamonte, Enrique Sierra, Mariano Montequín, Julio Álvarez y Alfredo Reboredo.
La primera víctima fue Hernán Rocca, asesinado en el año 1975. Otros, cuando su compromiso comenzó a ser muy intenso, eligieron vivir en la clandestinidad y abandonar no solo el rugby, sino también sus familias, amigos y contactos.
Tuvieron que pasar veinte años para que La Plata Rugby Club se recuperara de la matanza y pudiera festejar su primer gran éxito deportivo.
Fue en 1995, cuando ganó el torneo argentino. En marzo de 2006, cuando se cumplieron treinta años del golpe de Estado, colocaron en las instalaciones del club una placa con la siguiente leyenda:
“A los jugadores activos del Club víctimas de la década de 1970”. La placa muestra también los diecisiete nombres que se contabilizaban hasta el año en que la pusieron.
Hoy se sabe que los jugadores asesinados o desaparecidos llegaron a veinte, un testimonio silencioso de la tragedia que marcó a fuego la historia de este emblemático club platense.
La dictadura cívico-militar que se instaló en Argentina el 24 de marzo de 1976 no dejó rincón de la sociedad sin afectar, y el deporte no fue la excepción.
Entre las miles de víctimas que se llevó el terrorismo de Estado, se cuentan no menos de 220 deportistas desaparecidos. Una cifra alarmante, pero más impactante aún es el desglose por disciplina:
Según el registro de atletas federados, el rugby encabeza la lista con 152 jugadores, superando ampliamente al fútbol (19) y al ajedrez (13).
Una investigación de la escritora Carola Ochoa eleva este número de rugbiers desaparecidos a 178, pertenecientes a 70 clubes de 12 provincias.
Más allá de la precisión de las cifras, que siempre estarán en revisión, lo cierto es que este deporte, a menudo objeto de prejuicios, tiene una trágica historia escrita en los años más oscuros de la Argentina.