La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) atraviesa uno de los inicios de ciclo lectivo más turbulentos de la última década. Este miércoles, los pasillos de las facultades volvieron a poblarse de estudiantes y el murmullo de las aulas teóricas recuperó su ritmo habitual, pero se trata de una normalidad con fecha de vencimiento. Tras varios días de inactividad, la reanudación de las clases funciona más como un intervalo de espera que como una resolución del conflicto. La tregua es, por definición, frágil.
El epicentro de la resistencia se sitúa en la Asociación de Docentes de la UNLP (ADULP). En una asamblea masiva realizada el viernes pasado, el gremio alineado con la CONADU decidió no dar el brazo a torcer frente a lo que califican como un "deterioro insostenible" del salario real. La estrategia ya está trazada en el mapa: dos semanas completas de paro sin asistencia a los lugares de trabajo.
El impacto de la medida no será uniforme, un fenómeno clásico en la fisonomía de la UNLP. Mientras que unidades académicas de corte más institucionalista o técnico, como la Facultad de Ciencias Económicas, Ciencias Jurídicas y Sociales e Informática, intentarán sostener el dictado normal, el resto de la universidad se encamina a un cese total.
Las fechas marcadas en rojo por el gremio son:
Semana del lunes 30 de marzo: Inicio del primer gran bloqueo al calendario.
Semana del lunes 27 de abril: Segunda etapa de profundización de la medida.
Este esquema de "semana sí, semana no" busca asfixiar la planificación académica para forzar una respuesta del Gobierno Nacional. La tensión no es solo local; La Plata se convierte nuevamente en el termómetro de una crisis nacional. El trasfondo es estrictamente económico: la falta de una paritaria que logre empatar la inflación y la parálisis del presupuesto operativo que pone en riesgo el encendido de las luces y el mantenimiento de los laboratorios en las facultades del bosque y del centro platense.
El conflicto no se agotará en las aulas vacías. El Frente Sindical de Universidades Nacionales ya está cocinando lo que pretenden sea una demostración de fuerza histórica: una nueva Marcha Federal Universitaria para el 23 de abril. La última experiencia de este tipo logró congregar a miles de platenses en las calles, uniendo a docentes, nodocentes y una clase media estudiantil que ve en peligro la movilidad social ascendente.
Los reclamos son claros y se repiten como un mantra en las asambleas de ADULP:
Reapertura urgente de paritarias.
Implementación de la Ley de Financiamiento Universitario.
Inversión real en infraestructura y ciencia.
En las redes sociales, el pulso es de máxima ebullición. Mientras algunos sectores estudiantiles manifiestan su apoyo bajo el lema de "Defender la Pública", crece la preocupación en las familias por la pérdida de contenidos. Las autoridades de la UNLP, por su parte, intentan hacer equilibrio entre el apoyo institucional al reclamo salarial (que consideran justo) y la necesidad de no perder el año legislativo.
Sin respuestas a la vista por parte del Ejecutivo Nacional, la UNLP camina por una cornisa. El "abril negro" que vaticinan los gremios podría ser el prólogo de un conflicto que, lejos de resolverse, amenaza con extenderse durante todo el primer cuatrimestre, transformando a La Plata en el escenario principal de una puja política que trasciende las fronteras de la academia.