La situación del Servicio Meteorológico Nacional ha entrado en una fase crítica debido a un plan de ajuste que, bajo el argumento de una "modernización", podría desmantelar capacidades operativas fundamentales.
Juan Rivera explicó que el recorte afectaría a los observadores meteorológicos, quienes son los encargados de generar el insumo básico para cualquier pronóstico o alerta.
Actualmente, el organismo cuenta con poco más de 900 empleados y 125 estaciones meteorológicas, incluyendo las ubicadas en la Antártida.
La pérdida de personal pone en riesgo registros centenarios y la operatividad de estaciones que son clave para la seguridad nacional y la navegación aérea.
Impacto en la sociedad: La disminución de la precisión en las alertas meteorológicas frente a fenómenos extremos pone en riesgo vidas humanas.
Golpe al sector agrícola: El campo depende de los pronósticos y proyecciones estacionales de hasta 90 días para planificar la siembra y la cosecha.
Debilitamiento científico: Rivera vinculó este ajuste con el desprestigio de las instituciones científicas y debates como la modificación de la Ley de Glaciares.
Gestión de catástrofes: Se citó la diferencia de presupuesto y abordaje entre los incendios en la Patagonia argentina y Chile central como un ejemplo de las falencias actuales.
El especialista subrayó que este desfinanciamiento ocurre en un contexto de cambio climático real y verificable, donde la temperatura global ya se encuentra 1,4 grados por encima del período preindustrial.
Superar los umbrales críticos de calentamiento podría generar procesos irreversibles para muchas especies, por lo que debilitar al SMN en este momento resulta estratégico y operativamente peligroso.
A pesar de que los pronósticos actuales mantienen un nivel de acierto estadístico alto —con alertas que se cumplen en un 80% de los casos—, Rivera advirtió que la falta de un justificativo claro para este recorte destruye años de crecimiento institucional.