El conflicto interno en el fútbol argentino sumó un nuevo capítulo con una decisión que no pasó desapercibida: Huracán resolvió no participar de la última reunión del Comité Ejecutivo de la AFA, en lo que se interpreta como un gesto político directo contra la conducción de Claudio “Chiqui” Tapia.
La ausencia del presidente Abel Poza y del vicepresidente David Garzón no fue casual. Desde la institución la interpretan como una señal clara de distanciamiento en una relación que se fue deteriorando en los últimos meses, en un contexto de creciente desconfianza hacia el arbitraje y las decisiones dirigenciales.
El malestar tiene antecedentes concretos. Uno de los episodios que marcó un punto de quiebre ocurrió en noviembre de 2025, durante el partido frente a Barracas Central, cuando Huracán quedó sin chances de clasificar a competencias internacionales.
Aquella noche, el árbitro Andrés Gariano sancionó dos penales discutidos y protagonizó un cruce con el entrenador Frank Darío Kudelka, quien denunció amenazas e insultos. Ese episodio dejó una herida abierta que, lejos de cerrarse, se profundizó con el tiempo.
Más recientemente, en el duelo disputado en el Palacio Ducó, una jugada volvió a encender la polémica: con el partido 0-0, una mano evidente de Damián Martínez dentro del área no fue sancionada por Facundo Tello ni revisada por el VAR. La decisión alimentó la bronca dirigencial y reforzó la percepción de un perjuicio reiterado.
Desde la dirigencia del “Globo” sostienen que no se trata de hechos aislados. Expulsiones discutidas, designaciones arbitrales cuestionadas y decisiones del VAR alimentaron un clima de tensión que terminó impactando en el vínculo político con la AFA.
El propio Abel Poza dejó en claro el malestar acumulado con una frase contundente tras uno de los partidos: aseguró que esperaba un arbitraje justo, pero terminó sintiéndose perjudicado. Sus palabras reflejan el nivel de desgaste en la relación con la conducción del fútbol argentino.
La decisión de ausentarse del Comité Ejecutivo no es un hecho aislado dentro del mapa político del fútbol local. Clubes como River y Estudiantes de La Plata ya habían adoptado posturas similares, en medio de críticas al sistema arbitral y al funcionamiento institucional.
Por ahora, no está claro si se trata de una medida puntual o del inicio de una ruptura más profunda. Lo cierto es que el conflicto dejó de ser silencioso y expone un escenario de tensión creciente en el fútbol argentino, con posibles consecuencias en el corto plazo.