Esta de hoy, jueves 2 de abril 2026, es una de esas mañana típicas de verano en el AMBA, desde donde escribimos esta nota. No se parece en nada a aquel viernes 2 de abril de 1982 en Malvinas y todo el sur argentino, cuando las temperaturas eran bajísimas y los vientos soplaban con fuerza, para generar un clima muy hostil y muy difícil de sobrellevar.

La historia que vengo a contarles mezcla esos dos climas, dos momentos muy diferentes y a dos generaciones que se admiran desde los extremos de nuestra vida como país. Los protagonistas son el ex combatiente de Malvinas y actual secretario gremial del CECIM, Antonio Marcilese, por un lado y Giovanni "Gío" Dubini, un nene fanático de Gimnasia y la selección argentina, que acaba de cumplir 7 años.

Estaba por comenzar el acto en conmemoración del 44° aniversario de la Gesta de Malvinas en la Plaza Islas Malvinas de La Plata, ubicada en 19 y 51. Allí, Antonio Marcilese ultimaba los preparativos del evento cuando su amiga Gabriela se acercó y le dijo: "tengo alguien que quiere conocerte y charlar con vos". Antonio pensó que se trataba del secretario general de ATE Provincia, Claudio Arévalo, que estaba junto a ella.

Sin embargo, como la vida te sorprende siempre, el interesado era Gío, el nieto de Gabi, que había llegado hasta ese lugar con el deseo de conocer a Antonio, que para él era un ídolo que defendió a la Argentina arriesgando su vida. Gío es fan del Lobo, de la selección, de Maradona, de Messi y ahora de Antonio. Desde muy chico su abuela le enseñó que nuestros soldaods de Malvinas son héroes y él se dio el gusto de abrazar a uno de ellos.

Antonio y Gío se conocieron, se abrazaron fuerte y charlaron varios minutos. La escena conmovió a los cientos de asistentes al acto central por Malvinas en La Plata, una de las ciudades que más soldados aportó a la guerra de 1982. Gío estaba vestido, como muestran las imágenes, con la camiseta de la selección Argentina por pedido suyo, como forma de homenajear a los "queridos soldados que nos defendieron".

La anécdota parece chiquita y simple, pero en verdad es enorme y representa el sentimiento de la mayoría de los argentinos, que a pesar del paso del tiempo y las generaciones, seguimos comprometidos con una causa que nos importa y nos duele. Gío se fue de la enorme y bellísima plaza Malvinas con la emoción a flor de piel y el orgullo de haber conocido a un grande de nuestra historia. Y Antonio, asombrado y feliz.

Lo que siguió fue un emotivo acto institucional del que daremos cuenta en nuestra siguiente nota. Aquí sólo cabe esta pequeña gran historia de amor del bueno que nació en esta calurosa y pesada mañana de abril de 2026 en una plaza simbólica de La Plata. Aquí no caben los nombres de autoridades, los formalismos de rigor ni los discursos evocativos de una fecha que jamás olvidaremos. Aquí solo importan Malvinas, Antonio y Gío.
