Transitamos una Semana Santa distinta, con una guerra y los Lugares Sagrados de la cristiandad cerrados.
No se escuchan rezos, se escuchan sirenas y estruendos de misiles y proyectiles que provocan caos y destrucción.
Hoy pido que Nuestro Señor ilumine y lleve paz a las almas de aquellos que, desde atrás de un escritorio, deciden sobre la vida y la muerte de tanta gente. Que encuentren el camino de la compasión y la sabiduría.