Para muchos, Carlos "La Mona" Jiménez es el brillo de las lentejuelas y la alegría del baile. Pero detrás del showman, habita el niño que creció en una Córdoba donde la infraestructura básica era una fantasía de ciencia ficción.
En un diálogo con Pampita, el cantante abrió su corazón para narrar el impacto que tuvo la figura de Eva Perón en su vida, no desde el discurso político, sino desde la piel: el paso de la precariedad absoluta a la dignidad de un hogar.
Hasta los seis años, el universo de Jiménez terminaba en un pozo ciego ubicado a 30 pasos de su cama. En los inviernos crudos de la capital cordobesa, con temperaturas de 4 grados bajo cero, ese trayecto era una travesía de terror.
Su padre le prohibía ir solo de noche por miedo a que el pozo "se lo tragara". La higiene era un suplicio de fuentón y jabón, un acto de resistencia contra el frío que calaba los huesos en casas sin calefacción.
👉 "En mi cabeza, todo el mundo tenía pozos ciegos. No tenía en mi mente que había familias que tenían inodoro", confesó el ídolo, retratando la invisibilidad de la pobreza extrema en los años 50.
El quiebre llegó tras 25 años de trabajo de su padre en la empresa de energía EPEC. La herramienta de transformación tuvo nombre de mujer: Evita.
A través de un plan de viviendas sociales, la familia Jiménez accedió a una casa propia que, para el pequeño Carlos, fue el descubrimiento de un mundo de comodidades que creía inexistentes para los de su clase.
El momento más simbólico fue la entrada al baño. Su padre, con orgullo de trabajador dignificado, le mostró el inodoro y sentenció: "Acá vas a hacer tus necesidades, nunca más en un pozo ciego".
La respuesta del niño quedó grabada en la memoria popular:
👉 "¡Ah, qué maravilla! ¡Qué alegría! Nunca más de cuclilla, le dije a mi papá".