El plan de ajuste del gobierno de Javier Milei encontró en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) un nuevo escenario para el recorte.
Luego de que el Congreso frenara el cierre total del organismo, la estrategia oficial mutó hacia un desmantelamiento por goteo.
Esta semana, el Consejo Directivo del instituto oficializó la supresión de 14 Agencias de Extensión Rural (AER), de las cuales 11 pertenecen a la Provincia de Buenos Aires, dejando a vastas zonas productivas sin asistencia técnica oficial.
La medida, justificada por el Gobierno como un plan de "adecuación y fortalecimiento de los recursos humanos", impacta de lleno en el corazón productivo de la provincia.
Las agencias que bajan sus persianas están ubicadas en Vedia, Rojas, Laprida, Lamadrid, Benito Juárez, Lobería, Otamendi, Necochea, Balcarce, Mayor Buratovich y Saladillo. Con este golpe, Buenos Aires pierde más del 50% de su capacidad de extensión territorial, sumándose al previo cierre del Centro Regional INTA AMBA.
👉 "Es otra demostración de que no les importa la investigación y extensión, y mucho menos la producción y el trabajo; sigue el desguace", advirtió el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez.
Las Agencias de Extensión Rural son el brazo ejecutor del INTA en el territorio: allí donde el productor no llega a las grandes centrales, la AER brinda asesoramiento, tecnología y programas de sostenibilidad.
El cierre masivo en el norte y sur bonaerense genera una incertidumbre total sobre el futuro de los técnicos y, fundamentalmente, sobre los programas que sostienen a pequeños y medianos productores agropecuarios que dependen de la investigación estatal para competir.
Desde la gestión de Axel Kicillof interpretan este movimiento como un ataque directo a la soberanía tecnológica y productiva de la provincia. La preocupación no es solo por los despidos, sino por la pérdida de un capital intelectual acumulado durante décadas.
En municipios como Balcarce u Otamendi, el INTA es sinónimo de desarrollo local, y su retiro deja un vacío que el sector privado difícilmente logre cubrir con la misma mirada social y estratégica.