El relato anticasta de Javier Milei choca de frente contra los recibos de sueldo oficiales. Desde diciembre de 2023 hasta la actualidad, el peso del ajuste fiscal recayó con furia sobre los sectores más vulnerables de la Argentina.
Los números del Estado Nacional exponen una burla sistemática a quienes aportaron toda su vida. Al asumir la presidencia de Argentina, la jubilación mínima era de $160.713: Este monto incluía $105.713 de haber base y $50.000 en concepto de bono.
En aquel momento, un Senador cobraba $1.770.000 y un Diputado percibía $1.508.000. La asimetría ya era repudiada porque la política ganaba entre 9 y 11 veces más que un jubilado. Sin embargo, lo peor estaba por llegar.
Llegado abril de 2026, la motosierra demostró ser estrictamente selectiva. La jubilación mínima apenas trepó a $450.319. Este monto de indigencia está compuesto por $380.319 de haber y un bono congelado de apenas $70.000.
Mientras los abuelos recortan la compra de remedios para poder comer, la fiesta en el Congreso de la Nación no se detiene. Hoy, un Diputado factura $6.000.000 por mes, elevando la brecha a 13 veces la mínima.
El verdadero escándalo moral estalla en la cámara alta. Actualmente, un Senador se lleva al bolsillo $11.000.000 mensuales. ¿Cómo justifica el gobierno libertario que un legislador gane 24 veces más que un jubilado al borde de la indigencia?.
Lo que tenés que saber sobre la estafa salarial
El inicio de gestión: en diciembre de 2023 un Senador ganaba 11 veces más que la mínima jubilatoria de $160.713.
El abismo actual: en abril de 2026, la máxima dieta legislativa trepó a $11.000.000 y la diferencia saltó a 24 veces.
Licuación de ingresos: el bono de ANSES perdió brutalmente contra la inflación real, pasando solo de $50.000 a $70.000.
Derrumbe social: el desfinanciamiento sistemático del PAMI y la falta de cobertura en farmacias empeoran la crisis de la tercera edad.
La pérdida del poder adquisitivo de los jubilados no es un hecho aislado. La misma asfixia financiera que sufren los abuelos se replica en los hospitales públicos de Argentina, donde los insumos escasean y el abandono estatal es palpable.
La educación corrió con la misma suerte tras la eliminación de fondos nacionales y el feroz recorte a las universidades. A esto se suma el retiro de inversión para seguridad, que dejó a merced de la delincuencia a los vecinos de todo el territorio nacional, en especial al de PBA.
"El ajuste lo iba a pagar la política, pero lo terminó pagando el pueblo con hambre y abandono". Esa es la frase que más resuena hoy en las calles argentinas, frente a un gobierno que blindó sus propios privilegios a cambio de matar de hambre a su pueblo. Parecemos un país del África más segregado.