¿Alguna vez sentiste que el mundo gira aunque estés quieto? Ese momento en que la cabeza se te pone vacía o sentís que podés caerte de un segundo a otro… no siempre es algo menor. Muchas veces, los mareos son la primera señal de que algo en tu cuerpo no funciona como debería, y conocerlos puede marcar la diferencia.
El término mareo abarca sensaciones muy variadas: desde la ilusión de que todo da vueltas, hasta sentirse inestable, embotado o con ganas de desmayarse. Comprender estas diferencias es clave para identificar la causa y evitar complicaciones.

Existen varias formas de mareos:
Vértigo: sensación de movimiento giratorio del entorno o de uno mismo. Generalmente indica un problema en el oído interno o en ciertas áreas del cerebro.
Desequilibrio: sensación de inestabilidad al caminar, sin que todo gire. Puede originarse por problemas en piernas, articulaciones, visión o coordinación cerebral.
Presíncope: sensación de desmayo inminente, acompañada de palidez, sudoración o debilidad.
Mareo inespecífico: cabeza vacía, embotamiento o caminar sobre nubes, frecuente en ansiedad, trastornos del ánimo o secuelas de vértigo.
Cada tipo de mareo tiene causas diferentes y tratamientos específicos. Por eso, es fundamental consultar a un especialista en neuro-otología. La demora en el diagnóstico puede aumentar los riesgos derivados, como caídas, ansiedad, depresión o lesiones graves.
Un ejemplo frecuente es el vértigo posicional paroxístico benigno, responsable de aproximadamente el 50% de los casos. Aparece con movimientos como levantarse de la cama o agacharse. La causa son cristales en el oído interno que estimulan los sensores de movimiento. La buena noticia es que existe un tratamiento sencillo y muy efectivo: maniobras posicionales que resuelven el problema en más del 80% de los casos. Sin embargo, solo uno de cada cinco pacientes recibe el tratamiento adecuado.
Recomendaciones clave para quienes experimentan mareos:
Ante un episodio intenso o acompañado de visión doble, debilidad en un lado del cuerpo o dificultad para hablar, acudir a urgencias inmediatamente.
Diferenciar el tipo de mareo: vértigo, desequilibrio, presíncope o mareo inespecífico. Esto ayuda al médico a identificar la causa real.
Evitar automedicarse con ansiolíticos o antivertiginosos sin diagnóstico, porque puede ocultar síntomas importantes o empeorar la situación.
Mantener precauciones para evitar accidentes: apoyarse al caminar, evitar movimientos bruscos y estar en ambientes seguros si los episodios son frecuentes.
Registrar desencadenantes, duración y síntomas acompañantes (náuseas, zumbidos, visión borrosa) para facilitar el diagnóstico y tratamiento.
Si bien la mayoría de los mareos no son peligrosos, algunos pueden ser señales de patologías graves, como accidentes cerebrovasculares o lesiones del sistema nervioso central. Por eso, la combinación de una consulta temprana y el seguimiento con especialistas puede reducir significativamente los riesgos derivados y mejorar la calidad de vida.