Las publicaciones de videos de cientos de personas empujándose, corriendo y amontonándose para subir a un tren o a un colectivo vienen siendo tradcional en los últimos días.
Ya viene colapsado es la "postal de época" de la gestión de Javier Milei. Mientras desde los despachos oficiales se jactan del equilibrio fiscal, en los andenes del AMBA la realidad se traduce en trabajadores extenuados que ven cómo su vida se escurre en filas interminables.
El detonante técnico es el precio del gasoil, pero la causa de fondo es política. Las empresas de transporte advierten que el sistema desangra $370 millones diarios debido a la brecha insostenible entre el costo del combustible y lo que el Estado reconoce.
Estación Temperley. La casta éramos los laburantes y estudiantes, claro. pic.twitter.com/AJO2FyrIRx
— jujuy☆ (@_julitapr) April 13, 2026
Ante la negativa de la Casa Rosada de actualizar partidas, las compañías aplicaron una "racionalización" que en la calle significa un 30% menos de unidades. El resultado: si el colectivo no pasa, el tren explota.
👉 “La casta éramos los laburantes y estudiantes; ajustan y viajamos peor porque sube el gasoil y desaparecen los micros”, sentencian los usuarios en redes sociales, resumiendo la estafa electoral de un ajuste que solo golpea hacia abajo.

Detrás de las planillas de Luis Caputo, hay historias que desgarran. Jorge Ramírez, un obrero de 41 años que además maneja un Uber para sobrevivir, relata cómo el colapso del transporte le quita horas de trabajo y descanso: "Es el tercer día así y te liquida, ya no aguanto". Por su parte, Ariana, cajera de 35 años, espera en Constitución tras una jornada de ocho horas parada, sabiendo que el regreso a Lanús será una odisea de hacinamiento y demora.
La política de Milei de reducir subsidios a ciegas ha generado un efecto dominó devastador: Líneas que redujeron sus servicios a la mitad, dejando paradas desbordadas en Once, en Constitución, en todo el AMBA y un conurbano que nota paradas de colectivos repleta a la espera de un colectivo que no se sabe a la hora que va a pasar.
El sistema ferroviario, ya castigado por la falta de inversión, absorbe la demanda de los colectivos que no pasan, generando situaciones de riesgo físico para los pasajeros. El desastre no se limita al Conurbano; en ciudades como Rosario, el recorte por el costo del combustible ya es moneda corriente.
El bien común https://t.co/ChXK3bBXNi pic.twitter.com/1ptjVIPln7
— don chatarrin (@merlapopins) April 11, 2026
La narrativa libertaria de que "el sector privado se ocupe" choca con un servicio público que es la columna vertebral de la economía. Al asfixiar el financiamiento y liberar el precio del combustible sin anestesia, el Gobierno nacional ha convertido el acto de ir a trabajar en un tercer trabajo forzado.
El transporte dejó de ser un derecho para transformarse en una carrera de obstáculos donde el que pierde es siempre el mismo: el que no tiene otra opción.
Lovely day in Argentina pic.twitter.com/B1iwkpmHGM
— jujuy☆ (@_julitapr) April 13, 2026
Mientras el Gobierno celebra números macroeconómicos en redes sociales, la realidad en Plaza Constitución es la de un sistema al límite del estallido.
La quita de fondos no es un ahorro, es una transferencia de costos hacia la salud física y mental de millones de argentinos. Los videos son multiples que marca en tiempo real de un Estado que decidió soltarle la mano a sus ciudadanos, demostrando que para este modelo, el "laburante" es solo un gasto que hay que recortar.
Constitución 9.30 de la mañana, todo el mundo llegando una hora tarde (o más al laburo). Cómo se hace para ponerle ganas cuando todo está así? pic.twitter.com/0iIalWnlbx
— Nicole (@baum_nicole) April 13, 2026