El acto de entrega de viviendas en Lincoln dejó de ser una gestión estatal para convertirse en una estudiada pieza de propaganda. El gobernador Axel Kicillof, maestro en el arte de la sobreactuación política, no dejó pasar la oportunidad de capitalizar emocionalmente el sueño de la casa propia.
En una escena que pareció guionada por sus asesores de comunicación, el mandatario terminó oficiando de testigo en el casamiento civil de Fermín Parra y Valentina Sánchez Davín, quienes dieron el "sí" justo cuando recibían las llaves de su hogar.
Lo que para algunos fue una "casualidad emotiva", para la mirada política es una muestra más de la demagogia que caracteriza a la gestión platense.
Kicillof se abraza a las historias de vida para intentar tapar con confeti y aplausos los problemas estructurales de una provincia que sigue en deuda con el déficit habitacional.
Transformar un derecho básico en un espectáculo mediático donde el Gobernador es el centro de la escena es, como mínimo, un uso cuestionable de la investidura pública.
No es la primera vez que el mandatario bonaerense utiliza los actos oficiales para montar puestas en escena que buscan humanizar a la fuerza una gestión desgastada por la crisis económica.
En Lincoln, junto al intendente Salvador Serenal, la entrega de casas pasó a un segundo plano ante el casamiento de Fermín y Valentina. El mensaje subliminal es claro: el Estado —encarnado en la figura de Axel— no solo te da el techo, sino que bendice tu unión.
Esta personalización de los recursos públicos es la base de la demagogia: hacer creer al ciudadano que el beneficio es un regalo personal del líder y no el cumplimiento de una obligación estatal financiada con los impuestos de todos los bonaerenses.
Mientras la provincia arde por el conflicto del transporte y la inseguridad, el Gobernador elige jugar al "padrino" de bodas para las redes sociales.
Mientras Kicillof sonreía para la foto con los recién casados, la realidad bonaerense afuera del acto de Lincoln sigue siendo cruda. El "Gobernador-testigo" parece más cómodo en la comodidad del aplauso fácil que enfrentando el desfinanciamiento real que su propia administración genera por la ineficiencia en el gasto.
La entrega de unas pocas viviendas se festeja como una hazaña histórica, cuando en realidad es el goteo insuficiente de un plan que no llega a cubrir ni el 10% de la demanda real de la provincia.
La demagogia tiene patas cortas, pero fotos muy coloridas. El casamiento en el acto oficial será recordado como la postal de una gestión que prefiere los símbolos a los resultados.
Axel Kicillof se fue de Lincoln con una firma en una libreta de casamiento, pero los miles de bonaerenses que siguen esperando un techo propio saben que, detrás del show, la espera continúa y los discursos no construyen paredes.