La interna en la cima del poder nacional sumó un nuevo capítulo de frialdad y declaraciones punzantes. Este martes lo que debía ser una jornada de recogimiento por el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco se convirtió en un escenario de diferenciación política explícita.
La vicepresidenta Victoria Villarruel decidió no asistir a la misa central en la Basílica de Luján, donde se encontraba el grueso del Gabinete nacional y el gobernador Axel Kicillof, y optó por refugiarse en la Basílica María Auxiliadora de Almagro.
Al ser consultada sobre su ausencia en el evento principal, Villarruel fue contundente:
👉 "Me pareció que se había politizado. Como el 2 de abril, cuando la política se mete en el recuerdo de personas tan importantes, yo prefiero estar entre la gente".
La Vicepresidenta, que se encontraba a cargo del Poder Ejecutivo por el viaje de Javier Milei a Israel, eligió el lugar donde Jorge Bergoglio fue bautizado, marcando una distancia estética y ética con el resto de la dirigencia.
La tensión alcanzó su punto máximo cuando fue interrogada sobre si su ausencia se debía a la presencia de figuras como el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni —hoy bajo la lupa judicial—.
Sin dar nombres, pero con una dirección clara, Villarruel sentenció:
👉 "En Luján estaba la casta política, lo peor de la casta política. Yo soy coherente con mis creencias, soy católica y quiero estar con mis compatriotas".
El mensaje no solo golpeó a la oposición bonaerense, sino que caló hondo en la propia estructura ministerial del Gobierno nacional.
Mientras en Luján el arzobispo Marcelo Colombo llamaba a la unidad y al compromiso misionero frente a un palco que mezclaba a libertarios con kirchneristas, Victoria Villarruel se mostró en Almagro como la garante de una fe "no contaminada" por la rosca.
Para la Vicepresidenta, el recuerdo de Francisco no debía ser un desfile de funcionarios, sino un acto de humildad. "Fue el lugar donde se hizo hijo de Dios", recordó sobre el templo porteño, reforzando su identidad como referente del ala más conservadora y religiosa del espacio.
Este desplante ocurre en un momento crítico para el Gobierno, con Javier Milei rezando en Jerusalén y el Jefe de Gabinete enfrentando denuncias por enriquecimiento ilícito.
Al evitar la foto con el Gabinete, Villarruel se despega de la gestión diaria y se posiciona en un lugar de pureza ideológica. No es la primera vez que la titular del Senado marca agenda propia: su mención al 2 de abril como otra fecha "manoseada por la política" deja entrever su malestar por cómo el Ejecutivo maneja los símbolos patrios y religiosos.
La figura de Jorge Bergoglio sigue siendo, incluso tras su muerte, el eje de la discordia en la política argentina. Para Villarruel, las enseñanzas de Francisco sobre la "unión entre los argentinos" no se cumplen en actos donde la dirigencia busca una foto de ocasión.
Al ser consultada sobre el perfil político del propio Papa, la Vicepresidenta prefirió enfocarse en la figura humana y espiritual, rescatando su "cordura" frente a lo que ella denomina la "peor casta".