Este jueves, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer los números de la actividad económica correspondientes a febrero, confirmando que la recesión todavía no encontró un freno claro.
La economía registró una baja interanual del 2,1%, pero el dato que más encendió las alarmas fue la caída del 2,6% en la comparación desestacionalizada respecto del mes anterior.
Este retroceso mensual, más pronunciado que la variación frente al año pasado, sugiere que la fase de contracción se aceleró en el segundo mes del año.
La serie confirma un patrón de oscilaciones que se arrastra desde 2023: una economía que "serrucha" en niveles bajos, con sectores industriales y comerciales que no logran recomponer volumen y un consumo que apenas sostiene niveles mínimos de subsistencia.
El único indicador que logró quedar en terreno positivo, aunque de manera casi imperceptible, fue la tendencia-ciclo, que avanzó apenas un 0,1%.
Para los analistas, esta es una señal de que el nivel general de actividad se mueve en un piso todavía frágil, donde cualquier shock externo o interno puede profundizar el pozo recesivo.
El recorrido del índice durante el primer bimestre de 2026 muestra que la recuperación sigue sin consolidarse. La presión sobre el ingreso real de las familias y la falta de un flujo de crédito dinámico actúan como anclas para cualquier intento de rebote.
Si bien desde el entorno económico oficial se insinúa una estabilización, el dato de febrero es un baño de realidad: la economía continúa bajo máxima presión.
👉 "La caída mensual sugiere que la recuperación sigue sin consolidarse y que el rebote, si llega, será lento", advirtieron fuentes especializadas tras conocerse el informe del EMAE.
La mirada está puesta ahora en los datos de marzo y abril, donde el impacto de la cosecha y la evolución de la inflación determinarán si ese piso del 0,1% en la tendencia-ciclo es el inicio de una salida o simplemente una pausa en la caída.
En la Provincia de Buenos Aires, principal motor industrial del país, el impacto se siente con fuerza en las pymes y el sector manufacturero, que lideran los indicadores de baja performance.
La incertidumbre sobre la evolución de las tarifas y el tipo de cambio sigue condicionando las decisiones de inversión, manteniendo a la economía en un estado de "espera" que ya lleva más de dos años.