La postal de este miércoles en el barrio de Recoleta fue una síntesis de la vulnerabilidad extrema que golpea a los adultos mayores.
Ernesto, un jubilado de 60 años que padece una discapacidad, fue desalojado del departamento que alquilaba sobre la calle French, entre Austria y Agüero. La medida se concretó tras un proceso judicial derivado de dos años de morosidad en el pago del alquiler, las expensas y los servicios básicos, una situación que el hombre no pudo revertir ante la licuación de sus ingresos.
El operativo, que comenzó en las primeras horas de la mañana, contó con un fuerte despliegue de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires.
Mientras los efectivos cumplían la orden judicial, una ambulancia del SAME debió intervenir para evaluar a Ernesto, quien se encontraba profundamente angustiado y descompensado por el impacto emocional de perder su hogar.
👉 "Están haciendo cualquier cosa conmigo", alcanzó a balbucear mientras era asistido por los médicos.
A pesar de la presencia de la red de asistencia del Gobierno de la Ciudad, la incertidumbre sobre su futuro es total. Hasta el momento, las autoridades no han podido confirmar si Ernesto cuenta con un destino asignado o si terminará en un parador.
El año pasado ya se había intentado un desalojo similar que no prosperó, pero esta vez la justicia no dio marcha atrás, dejando al hombre en una soledad absoluta: su única hermana atraviesa una situación económica igual de crítica y no puede darle cobijo.
El caso de Ernesto no es un hecho aislado, sino la punta de un iceberg que las estadísticas oficiales empiezan a mostrar con crudeza.
Según datos recientes del Ministerio de Capital Humano, la fisonomía de la situación de calle en el AMBA ha cambiado drásticamente: el 60% de las personas que hoy duermen en la vía pública cayó en esa condición en los últimos dos años.
Este fenómeno de "nuevos pobres" afecta principalmente a inquilinos que, como Ernesto, quedan fuera del mercado por la combinación de alquileres dolarizados o indexados y jubilaciones que no alcanzan a cubrir la canasta básica.
La falta de redes familiares de contención, producto de una crisis que erosiona a todo el grupo familiar, termina por empujar a personas con discapacidad o enfermedades crónicas a un desamparo total.
En las calles de Recoleta, la escena del desalojo generó indignación entre algunos vecinos que conocían a Ernesto, mientras que otros miraban con resignación una realidad que se vuelve cotidiana.
Sin una alternativa habitacional de urgencia clara, el jubilado de la calle French se suma a una estadística que no para de crecer en la Ciudad de Buenos Aires, donde el derecho a la vivienda parece haber quedado reservado para unos pocos, mientras el resto pelea por no caer al abismo de la vereda.