El clima de hostilidad entre el sector cultural y el Gobierno nacional tuvo su punto más álgido este jueves durante la inauguración oficial de la 48° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
El secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, fue el blanco de un estruendoso abucheo y persistentes silbidos apenas subió al estrado de la Sala Jorge Luis Borges, en el predio de La Rural.
El malestar del público y de los representantes de la industria editorial se hizo sentir de forma inmediata, interrumpiendo el discurso del funcionario en varias ocasiones.
La reacción no fue azarosa: responde a un acumulado de meses de denuncias por recortes presupuestarios, la amenaza de cierre de organismos emblemáticos como el Fondo Nacional de las Artes y el INCAA, y la reciente decisión del Gobierno de no contar con un stand propio en la feria, alegando razones de "ahorro fiscal".
👉 "La escena dejó en evidencia el conflicto estructural entre el sector artístico y el rumbo oficial", señalaron cronistas presentes en el lugar. Para los trabajadores de la cultura, la presencia de Cifelli representó la cara de un ajuste que pone en riesgo la producción de contenidos y el acceso democrático a los bienes culturales en la Argentina.
El desfinanciamiento denunciado por el sector no solo afecta a los grandes organismos, sino también a las bibliotecas populares y a las pequeñas editoriales que ven cómo la inflación y la caída del consumo licúan su capacidad operativa.
En este contexto, la Feria del Libro, uno de los eventos culturales más importantes del mundo hispanohablante, se transformó en un foro de protesta política.
Mientras Cifelli intentaba defender las medidas de la administración de Javier Milei, los gritos desde la platea le recordaron la importancia del apoyo estatal para una industria que es motor de empleo y prestigio internacional para el país.
El secretario, visiblemente incómodo, debió acortar sus intervenciones ante un auditorio que se negó a otorgarle el silencio protocolar.
Este episodio marca un nuevo capítulo en la confrontación entre el mundo académico-artístico y el Poder Ejecutivo.
Tras la masiva marcha universitaria, el "frente cultural" se consolida como otro de los núcleos de resistencia civil frente a una gestión que, en palabras del propio Presidente, considera a muchos de estos espacios como "centros de adoctrinamiento" o gastos innecesarios para el Estado.