El 27 de abril de 2003 no fue una jornada electoral más. Fue el primer ensayo democrático tras el estallido social, político y económico de diciembre de 2001.
La sociedad argentina, que poco tiempo antes gritaba en las plazas "que se vayan todos", acudió a las urnas en un escenario de extrema fragmentación.
Seis candidatos se disputaron el sillón de Rivadavia: Carlos Menem, que buscaba su resurrección política; Néstor Kirchner, un gobernador del sur casi desconocido a nivel nacional; el economista liberal Ricardo López Murphy; el puntano Adolfo Rodríguez Saá; la referente de la Coalición Cívica Elisa Carrió; y el radical Leopoldo Moreau.
Los resultados arrojaron un escenario de balotaje: Menem obtuvo el 24,45% y Kirchner el 22,24%. Sin embargo, ante la certeza de una derrota estrepitosa en la segunda vuelta y un rechazo social masivo, Menem anunció su retiro.
El 25 de mayo de 2003, con apenas el 22% de los votos y la legitimidad en construcción, Néstor Kirchner asumía la presidencia con una frase que marcaría su gestión: "No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada".

Kirchner asumió un país con el 54% de pobreza, un desempleo cercano al 20% y una deuda externa que parecía impagable. Su gestión significó, ante todo, la recuperación de la autoridad presidencial y la centralidad del Estado en la economía.
El mayor hito económico fue el Canje de Deuda de 2005, que logró una quita histórica y permitió a la Argentina salir del default. Pero el gesto que selló su independencia política fue la cancelación total de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2006, pagando 9.810 millones de dólares para "decirle adiós" a las recetas de ajuste del organismo.
Durante su mandato, el país creció a "tasas chinas" (cercanas al 8-9% anual), se recuperó el mercado interno y bajaron drásticamente los niveles de indigencia y desocupación.
Néstor Kirchner transformó la política de Derechos Humanos en política de Estado. La bajada del cuadro del dictador Jorge Rafael Videla en el Colegio Militar y la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final permitieron el reinicio de los juicios a los genocidas, reparando una herida histórica y devolviéndole la ética a la investidura presidencial.
Kirchner rompió con las "relaciones carnales" con Estados Unidos. En lugar de mirar al norte, miró al sur. Junto a figuras como Lula da Silva (Brasil) y Hugo Chávez (Venezuela), construyó la Patria Grande.
El momento cumbre fue la Cumbre de las Américas de Mar del Plata en 2005, donde le dijo "No al ALCA" frente al propio George W. Bush, priorizando el bloque regional de la UNASUR y el fortalecimiento del Mercosur frente a los tratados de libre comercio propuestos por Washington.
La llegada de Kirchner significó el reencuentro de la juventud con la política. Se recuperaron las paritarias libres, se fomentó la industria nacional y se inició un proceso de movilidad social ascendente que no se veía en décadas.
El Estado volvió a ser el garante de los derechos básicos, invirtiendo en educación y ciencia (creando el Ministerio de Ciencia y Tecnología posteriormente).
Néstor Kirchner no solo administró una crisis; cambió el paradigma de poder en la Argentina. Aquel 22% de votos se transformó en un movimiento político que marcaría las dos décadas siguientes, basando su legado en tres pilares: soberanía económica, justicia social e independencia política.