La bandera anticasta terminó siendo un simple eslogan publicitario vacío de contenido real. Mientras Javier Milei ajusta salvajemente a millones de jubilados, una familia tradicional riojana exprime las arcas públicas. Los Menem lograron infiltrar al menos diecisiete parientes cobrando jugosos sueldos intocables. El nepotismo goza de su mejor salud en la era libertaria.
El presidente de la Cámara de Diputados, el mediático Martín Menem, encabeza esta vergonzosa cruzada acomodaticia. Junto a su inseparable primo Eduardo “Lule” Menem, funcionario todoterreno de Karina Milei, armaron un esquema parasitario perfecto. Manejan influencias palaciegas y reparten cargos sin pudor.
Pero el escándalo trasciende los confortables despachos del Congreso de la Nación o de la propia Casa Rosada. Los hermanos del legislador libertario, Fernando y Adrián Menem, son dueños de una cuestionada empresa de seguridad privada. Acaban de embolsar un monumental acuerdo económico con el Banco Nación. El negocio es redondo.
Esa polémica licitación alcanzó los cuatro mil millones de pesos abonados sin chistar. Semejante adjudicación ocurrió mágicamente pocos meses después que el mandamás legislativo cediera sus acciones societarias. Esa grosera maniobra huele a tráfico de influencias por donde se la mire. Todo queda entre consanguíneos.
La extensa telaraña familiar abarca todas las dependencias gubernamentales imaginables a lo largo del país. Amado Menem fue designado directamente por el Ejecutivo al frente del PAMI en La Rioja. Allí controla abultados presupuestos, autoriza compras millonarias y digita designaciones estratégicas territoriales. La caja es inmensa.
Tampoco podían faltar las nuevas generaciones en esta repudiable festichola de la administración pública. Lara Menem, una inexperta jovencita veinteañera, consiguió empleo administrativo dentro del organismo ARCA (ex AFIP). Su padre, Jorge Horacio Menem, ocupa otro puesto directivo clave eminentemente aduanero. Mamando del erario público.
Resulta imperioso recordar cómo comenzó esta burla sistemática hacia los esperanzados votantes oficialistas. Apenas asumió el poder, el primer mandatario derogó aquel decreto macrista que prohibía nombrar parientes directos en funciones del Estado. Aquella firma silenciosa pavimentó este obsceno saqueo generalizado. La motosierra tiene preferencias.
Los siempre rentables registros de automotores también sufren la ocupación permanente del mencionado clan norteño. Marcela Fátima Menem regentea una de estas codiciadas oficinas porteñas desde los ya lejanos años noventa. Laila Herminia del Carmen Siman Menem hace exactamente lo propio desde la lejana provincia de Neuquén. Privilegios que nunca caducan.
Esta evidente matriz de corrupción legalizada, desnuda el frágil relato que proponen a diario. Mientras mandan a reprimir salvajemente a docentes que exigen salarios dignos, aquellos recomendados VIP multiplican su patrimonio exponencialmente. Constituye un cachetazo brutal para cualquier honrado trabajador formal argentino. El sacrificio es siempre ajeno.
Desde PrimeraPagina.info venimos advirtiendo cómo el oscuro círculo rojo absorbió a las incipientes fuerzas autodenominadas libertarias rápidamente. En ediciones pasadas, denunciamos pactos espurios entre cúpulas oficialistas y viejos operadores opositores. Hoy comprobamos fehacientemente que esa traidora alianza solo buscaba acomodar leales.
La creciente bronca retumba fuerte en los ocultos pasillos de Balcarce 50, aunque intenten disimularlo celosamente. Algunos incautos militantes genuinos observan espantados cómo sus románticas promesas electorales terminaron convertidas en viles agencias de colocación familiar. Nadie levanta la voz por puro y exclusivo miedo. El silencio los hace cómplices.
¿Acaso esto significa el verdadero cambio pregonado? Repartir jugosos sillones estatales entre tíos, sobrinos o primos representa la peor postal de la política decadente. La ansiada reconstrucción nacional parece limitarse al bienestar financiero de una sola y exclusiva oligarquía. Nos tomaron por estúpidos.
Resulta muy tragicómico escuchar a ciertos voceros de turno intentando justificar semejante asalto institucional. Argumentan reiteradamente una falsa e incomprobable idoneidad técnica para validar estos ostentosos nombramientos digitados a dedo. Ese burdo cinismo discursivo subestima groseramente la madura inteligencia popular del electorado promedio. Nadie cree tantas mentiras.
El descarado blindaje corporativo frente a este aborrecible festival de acomodados resulta verdaderamente asqueroso e irritante. Varios conocidos canales televisivos, otrora furiosamente indignados por prácticas idénticas durante el fallido mandato de Alberto Fernández, hoy prefieren obsecuentemente mirar hacia otro lado. Se nota demasiado el jugoso flujo de "pauta negra" que compra dóciles voluntades periodísticas. La doble vara indigna.
Al menos 17 integrantes de la familia riojana ocupan lugares clave y manejan fortunas estatales bajo la excusa libertaria.
Adrián y Fernando lograron un convenio por $4.000 millones con el principal banco público tras una extrañísima cesión accionaria.
El jefe de Estado derogó por decreto la prohibición de designar parentela directa apenas pisó la presidencia.
La impune red abarca desde aduanas, manejo del PAMI, áreas contables provinciales hasta los siempre polémicos registros automotores.