Nuestro país atraviesa una recesión brutal, pulverizando ingresos formales e informales velozmente. Según estadísticas oficiales del INDEC, esa pobreza estructural superó el 50% recientemente, generando un clima repleto de tensiones. El límite parece estar cerca.
Frente a semejante escenario, la Casa Rosada decidió abrir su billetera, emulando viejas prácticas. Otorgaron bonos extraordinarios y subsidios encubiertos destinados hacia sectores estratégicos del conurbano bonaerense. Cedieron ante el miedo popular.
Desde nuestro multimedios Grupo Primera Página, a través de PrimeraPagina.Info, noticiasensenada.info y lamovidaplatense.com.ar, venimos advirtiendo dicho giro. La actual administración nacional utiliza herramientas clásicas correspondientes al asistencialismo estatal más rancio. Pulverizaron su propio relato fundacional.
Colegas pertenecientes a visionpolitica.com.ar detallaron exhaustivamente cómo estas transferencias discrecionales burlan normativas. Esos fondos fiduciarios, anteriormente muy criticados, hoy operan como cajas políticas inagotables. Apropiaron los vicios del pasado.
Dentro del Congreso de la Nación observan atónitos semejantes volteretas discursivas protagonizadas por legisladores oficialistas. Dirigentes enrolados en La Libertad Avanza defienden ahora lo que ayer defenestraban públicamente. Semejante hipocresía alcanzó niveles inéditos.
Incluso la Justicia Federal comenzó a poner una lupa en ciertas asignaciones discrecionales. Existen múltiples denuncias sobre presunta malversación y desvío de partidas originariamente destinadas hacia obras públicas. Buscan la ruta del dinero.
Tal como señaló laprincipalinfo.com días atrás, el núcleo duro de votantes mileístas mastica profunda decepción. Esperaban ortodoxia económica pura, pero reciben un menú cargado con intervencionismo camuflado (una estafa electoral absoluta). Sienten enorme traición moral.
Las recientes presiones ejercidas desde el FMI sumaron otro dolor de cabeza para el jefe de Estado. Exigen mayor disciplina fiscal mientras ciertos gobernadores reclaman auxilio financiero urgente buscando abonar aguinaldos atrasados. Están atrapados sin salida aparente.
Resulta paradójico observar figuras libertarias justificando "planes platita" bajo rótulos diferentes intentando evitar críticas. Cambiarle el nombre a una política clientelar no modifica su esencia verdaderamente populista. Maquillan esa triste verdad.
El ministro de Economía, Luis Toto Caputo, intenta hacer malabares numéricos buscando calmar ansiedades bursátiles. Sin embargo, inversores extranjeros desconfían profundamente de estas nuevas concesiones demagógicas adoptadas recientemente. Nadie cree tantas excusas baratas.
Mientras tanto, la inflación núcleo sigue castigando sin piedad las góndolas de los supermercados barriales. Familias trabajadoras recortan gastos básicos cotidianos porque sus sueldos apenas alcanzan para comer salteado. El hambre no sabe esperar.
Esta peligrosa tentación demagógica demuestra la enorme fragilidad de un gobierno sin estructura territorial propia. Intentar comprar paz social emitiendo pesos o repartiendo favores culminará en otro inevitable desastre inflacionario. Repiten idénticos errores históricos.
Desde el plano legislativo, los bloques opositores dialoguistas miran con recelo estas maniobras oscuras. Nadie quiere quedar pegado hacia un fracaso macroeconómico que huele a hiperinflación reprimida. Todos cuidan sus propios intereses.
Faltan 15 meses decisivos para las próximas elecciones y el nerviosismo se palpa claramente. Cambiar de rumbo a mitad del río suele ahogar hasta al nadador más experimentado. El reloj juega en contra.
Queda claro que vociferar consignas mediáticas rinde frutos durante una campaña electoral agresiva. Gobernar, en cambio, exige templanza y evitar caer en trampas facilistas que hipotecan nuestro futuro. Terminaron siendo más de lo mismo.
El gobierno recurre a subsidios y bonos extraordinarios para contener el brutal descontento social generado por el ajuste.
Varios portales del Grupo Primera Página expusieron cómo el oficialismo utiliza fondos discrecionales burlando sus propias promesas de austeridad.
El núcleo duro de votantes de LLA manifiesta decepción ante políticas de intervención estatal que tildaban de populistas.
Se investigan desvíos de fondos públicos mientras el FMI presiona por mantener la disciplina fiscal prometida.