El peronismo entró en una fase de ebullición que trasciende las fronteras de la General Paz. En una movida que busca oxigenar la estructura nacional, la diputada cordobesa Natalia de la Sota pasó por Rosario, Santa Fe, donde diversos sectores ya agitan la posibilidad de que integre una fórmula presidencial con Axel Kicillof.
La idea es romper con la lógica del "amontonamiento" electoral para pasar a un acuerdo programático real.
En el entorno de Natalia de la Sota evitan hablar de candidaturas con el sello puesto, pero sueltan prenda. Admiten que el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, tiene aspiraciones claras y que cualquier discusión debe nacer de un plan de gobierno sólido.
"Primero hay que definir qué país queremos y después ver los nombres", lanzaron con firmeza en medio de la recorrida por suelo santafesino.
La diputada de Córdoba no llegó sola a la ciudad del Monumento a la Bandera. Se mostró junto al ex ministro de Transporte de la Nación, el massista Diego Giuliano, el intendente de Pérez, Pablo Corsalini, y la referente de Ciudad Futura, Caren Tepp.
Esta foto representa a un sector que busca disputarle la hegemonía interna al ex gobernador Omar Perotti en la carrera santafesina.
La apuesta es ambiciosa: construir una alternativa con una verdadera "mirada federal". El objetivo es que las Provincias dejen de ser el furgón de cola de las disputas del conurbano bonaerense.
Para este armado, la pelea entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof es un problema acotado a Buenos Aires que no debe condicionar al resto del país.
El fracaso de gestiones anteriores parece haber dejado una enseñanza en el peronismo federal. En el entorno de Natalia de la Sota explican que es urgente avanzar en un modelo de país para no repetir errores del pasado.
Buscan evitar que se arme un rejunte de nombres solo para ganar una elección y que después no sepan qué hacer con el poder.
Esta postura es una crítica directa al peronismo que, en los últimos años, redujo su proyección política casi exclusivamente al AMBA.
La intención de este nuevo bloque es incorporar a las provincias con voz propia.
La "coherencia" aparece como el valor central para construir una propuesta que mire hacia adelante sin lastres.
En el espacio remarcan que las históricas tensiones entre el kirchnerismo y el delasotismo ya forman parte del pasado arqueológico. El desafío actual es mucho más grande y requiere dejar de lado las facturas de hace una década.
El peronismo del interior quiere dejar de ser un espectador de las peleas porteñas para pasar a ser el arquitecto de la reconstrucción.
Natalia de la Sota y su tropa marcaron una línea roja difícil de borrar frente a otros mandatarios provinciales. Descartaron cualquier tipo de acuerdo con Provincias Unidas, la coalición que armaron los gobernadores Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro.
La desconfianza es total porque ese sector le votó a Javier Milei la Ley Bases, la Reforma Laboral y el Presupuesto.
Dentro del armado "Defendamos Córdoba", que lidera Natalia de la Sota, admitieron que las diferencias con el gobernador Martín Llaryora son profundas.
No descartan jugar por afuera de la estructura oficial cordobesa si el mandatario no endurece su postura frente al modelo libertario. "Ojalá no sea necesario", dicen por lo bajo, pero la amenaza de ruptura en la provincia mediterránea está latente.
La coherencia que pregona Natalia de la Sota choca de frente con la actitud de los gobernadores que negocian con la Casa Rosada. Para la cordobesa, no se puede ser oposición en el discurso y aliado en el recinto de la Cámara de Diputados.
El peronismo federal que ella imagina no tiene lugar para los que le facilitan las herramientas de ajuste a Javier Milei.