La motosierra económica de Javier Milei no se tomó descanso este fin de semana largo. El impacto de las políticas de ajuste volvió a sentirse con crudeza en el sector turístico durante el feriado por el Día del Trabajador, registrando una caída del 8% interanual en la cantidad de viajeros.
Los números que arroja la realidad son el reflejo de un país que ha dejado de planificar vacaciones para intentar, apenas, sostener una salida de proximidad.
Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), se movilizaron 1.066.464 personas, generando un impacto económico total de $235.008 millones.
Sin embargo, la cifra es engañosa si no se mira el trasfondo: en términos reales, el gasto total fue un 32,9% inferior al del mismo feriado de 2025. El turismo argentino está en modo ahorro forzado, con un perfil de consumo orientado estrictamente a lo básico: alimentos y techo.
El dato que mejor explica la agonía del bolsillo es la duración de los viajes. La estadía promedio se desplomó un 25,9% respecto al año pasado, situándose apenas en las dos noches.
Se consolidó la tendencia de las "escapadas cortas", con decisiones tomadas sobre la hora y un fuerte peso del excursionismo: gente que viaja, pasa el día y vuelve a su casa para no pagar hotel.
El gasto diario por turista promedió los $110.181, lo que representa una baja real del 1,6% interanual. Para intentar estirar los pesos, los viajeros se volcaron masivamente al uso de billeteras virtuales y códigos QR, aprovechando promociones con descuentos del 20% y financiamiento en cuotas que fueron el único motor de consumo ante bancos que permanecieron cerrados por el feriado.
A pesar del escenario de malaria generalizada, algunos destinos tradicionales lograron captar el flujo remanente gracias a su infraestructura. La Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, San Carlos de Bariloche y Puerto Iguazú fueron los puntos más elegidos.
En la Capital Federal, más de 100.000 visitantes recorrieron la Feria Internacional del Libro y el Hipódromo de Palermo, dejando un impacto local de $28.000 millones con una ocupación del 67%.
Eventos deportivos y culturales específicos salvaron la ropa en otras localidades.
En Corrientes, la ciudad de Goya vibró con el Mundial de Pesca del Surubí, mientras que en Córdoba, la localidad de La Cumbre recibió a más de 6.000 ciclistas por el Desafío del Río Pinto. Por su parte, Concordia en Entre Ríos se benefició con el ruido del TC2000.
En la vereda de enfrente, la Costa Atlántica y diversas ciudades del interior bonaerense registraron una ocupación mucho más moderada, lejos de los brillos de temporadas anteriores.
Destinos como San Antonio de Areco, Cañuelas y Baradero se mantuvieron a flote gracias a ferias gastronómicas que atrajeron al público regional.
La nota negativa la dio la provincia de Chaco, que registró una baja concurrencia debido a condiciones climáticas adversas que terminaron de hundir un fin de semana ya de por sí castigado por la macroeconomía.
Mientras tanto, alternativas emergentes vinculadas a la naturaleza en Catamarca, Tierra del Fuego y el Alto Neuquén siguen intentando consolidarse como refugios para un turismo que busca identidad pero que hoy tiene el presupuesto al límite.