El ministro Luis "Toto" Caputo enfrenta el peor escenario para un gestor de Hacienda: la parálisis económica ya se devora la recaudación.
En abril, los ingresos tributarios registraron su novena caída real consecutiva, acumulando un desplome del -6,7% en el primer cuatrimestre de 2026. La recaudación perdió sistemáticamente contra la inflación, desnudando una recesión que no encuentra el piso prometido.
A pesar de que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) intentó mostrar una suba nominal del 27,2%, al deflactar ese número por el costo de vida, la caída es estrepitosa.
Los ingresos totales alcanzaron los $17.400.833 millones, pero quedaron muy lejos de cubrir las necesidades de un Estado que se achica a martillazos.
"La recaudación empieza a crecer", ensayó como defensa Luis Caputo ante los empresarios, pero los datos del IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal) lo desmienten con dureza técnica.
El corazón de la recaudación está sufriendo una arritmia grave. El Impuesto al Valor Agregado (IVA), que mide el termómetro del consumo diario de los argentinos, recaudó $6.049.934 millones, mientras que Ganancias sumó $3.136.961 millones.
Ambos tributos, que representan el 94% de la masa coparticipable que va a las provincias, cayeron un 2,9% real interanual en abril.
Este dato es una bomba de tiempo para los gobernadores de todo el país. Al caer los impuestos ligados a la actividad y al consumo, las cajas provinciales se vacían, obligando a los mandatarios a ajustar servicios básicos o a mendigar fondos a la Casa Rosada.
La fatiga del modelo es evidente: no hay recaudación porque no hay consumo, y no hay consumo porque el ajuste secó los bolsillos.
Ni siquiera los derechos de exportación pudieron salvar la ropa del Palacio de Hacienda. Las retenciones registraron una caída interanual de -13,3%, con ingresos de apenas $574.547 millones.
Este desplome refleja el impacto de menores precios internacionales y volúmenes que no logran compensar la falta de dólares que el Banco Central necesita con urgencia.
La preocupación ya no es solo de los sectores populares. El Círculo Rojo empresarial comenzó a reclamar por la parálisis de la actividad que el ajuste de Luis Caputo está generando.
Sin ventas no hay impuestos, y sin impuestos el superávit fiscal solo puede sostenerse cortando más jubilaciones, subsidios y obra pública.
La meta fiscal está en riesgo y el ministro parece no tener más plan que apretar todavía más las clavijas de una sociedad que ya no aguanta más presión.