La institucionalidad en la Provincia de Buenos Aires atraviesa uno de sus momentos más oscuros y tiene una responsable directa: Verónica Magario.
La presidenta del Senado bonaerense ha decidido que la cámara solo funcione cuando el termómetro de su interna política marque la temperatura adecuada.
El reciente estallido por la conformación de las comisiones dejó al descubierto un método de conducción basado en la arbitrariedad y el silenciamiento de las voces que no se alinean con el kicillofismo puro.
La parálisis es absoluta y vergonzosa para cualquier sistema democrático.
En lo que va del 2026, el cuerpo solo se reunió en el recinto en dos oportunidades: una para repartir cargos de autoridades y otra para una sesión homenaje.
Verónica Magario utiliza el reglamento interno como un látigo para castigar a los sectores díscolos de Unión por la Patria, postergando debates urgentes sobre seguridad, economía y salud.
El decreto que oficializó el listado de las comisiones fue la gota que colmó el vaso de un bloque que ya está "en llamas".
La vicegobernadora ignoró sistemáticamente las propuestas de los presidentes de bancada, incluyendo la de su propio bloque oficialista.
"Magario manejó todo, a pesar de que no le corresponde", denunciaron voces cercanas a Sergio Berni, presidente de la bancada de UP, quien vio cómo sus sugerencias terminaban en el tacho de basura de la presidencia.
Esta forma de ejercer el poder no es nueva en la trayectoria de la matancera, pero en el Senado ha alcanzado ribetes de escándalo institucional.
Al desplazar a La Cámpora de la estratégica comisión de Asuntos Constitucionales y Acuerdos (ACA) y priorizar al Movimiento Derecho al Futuro, Magario rompió los puentes de diálogo mínimo necesarios para que una ley pueda ver la luz en el territorio bonaerense.
Detrás de las puertas cerradas de la presidencia de la Cámara, se cocina una estrategia que poco tiene que ver con las necesidades de los vecinos de La Plata o el conurbano.
La vicegobernadora mantiene vacante la comisión de Reforma Política, el órgano clave donde se deben discutir las reglas de juego para el 2027.
Verónica Magario guarda esa silla como un botín de guerra para negociar con Sergio Massa o someter a Máximo Kirchner según le convenga a la Casa de Gobierno.
El malestar no solo es opositor; dentro del peronismo la acusan de ser el principal obstáculo para la unidad.
Mientras la provincia arde por la inseguridad y la crisis económica, la titular del Senado se dedica a medir fuerzas en un tablero de ajedrez donde las piezas son los pliegos de los jueces y el presupuesto provincial.
La falta de sesiones no es impericia, es una decisión política deliberada para evitar que el Poder Legislativo controle al Ejecutivo.
Frenazo legislativo: El Senado bonaerense es uno de los menos activos del país, con apenas dos sesiones en cinco meses.
Decretazo arbitrario: Verónica Magario firmó la composición de las comisiones sin el consenso de los jefes de bloque.
Caja de jueces: La vicegobernadora desplazó al kirchnerismo de la comisión de ACA, donde se definen los ingresos al Poder Judicial.
Reforma frenada: La comisión que debe discutir las PASO y la Boleta Única sigue sin presidente por decisión de la presidencia.
Interna feroz: Se acusa a la presidenta de la cámara de trabajar exclusivamente para el proyecto presidencial de Axel Kicillof.
Furia de Berni: El jefe de bloque de UP cuestionó públicamente la legitimidad de los manejos de la vicegobernadora.