El sistema financiero de Argentina acaba de encender todas las alarmas al registrar los niveles de morosidad más críticos desde la crisis de 2001.
Tras un 2025 marcado por el sobreendeudamiento, miles de familias se transformaron en "deudores zombies": personas que, tras incumplir sus pagos, quedan con un scoring negativo que las expulsa del circuito legal por tiempo indeterminado.
Este fenómeno no solo afecta el consumo, sino que condena a una parte de la población a la marginalidad financiera en un contexto donde el crédito es el único motor de supervivencia.
La situación es desesperante tanto en bancos como en el sector de las fintech. Mientras que en las entidades tradicionales la mora de individuos se ubica en el 11,2%, el segmento de préstamos extrabancarios muestra cifras escalofriantes, rozando el 25%.
Esto significa que 1 de cada 4 argentinos que acudió a una plataforma digital para financiarse hoy no puede devolver el dinero. La trampa se cerró cuando la inflación dejó de licuar las cuotas, una dinámica que el ministro de Economía, Luis Caputo, describió con crudeza al afirmar:
"La gente se sobreendeudó a tasas muy altas pensando que la inflación iba a licuar las deudas y eso no sucedió".
Ante la inminencia de un colapso, los bancos de primera línea iniciaron un plan de rescate para la denominada "mora tardía".
Están ofreciendo refinanciaciones con tasas del 25% anual en pesos, una cifra que se ubica por debajo de la inflación proyectada. Sin embargo, este alivio es una victoria pírrica para el cliente.
Aunque logren acomodar las cuotas a plazos más largos, su legajo digital queda marcado.
“Es gente que no va a conseguir crédito por lo menos en los próximos dos o tres años; quedan con un score muy bajo y no hay nada que se pueda hacer con eso”, confiesan desde una de las principales entidades del país.
El impacto es sistémico. Durante el segundo semestre de 2024, la suba de tasas empujó a muchos a tomar créditos prohibitivos. Los bancos, en una autocrítica poco habitual, admiten que no estaban preparados para el aluvión de demanda de 2024.
El resultado es un tendal de legajos manchados en el Banco Central de la República Argentina (BCRA) que impedirá el acceso a nuevas tarjetas de crédito o préstamos personales, fundamentales para el consumo de bienes durables.
La preocupación de los banqueros no solo es el cobro, sino la posible interferencia política. Alejandro Butti, CEO de Santander Argentina, lanzó una advertencia directa hacia el Congreso de la Nación durante un foro de Moodys.
El ejecutivo fue tajante al pedir que los legisladores se abstengan de intervenir en el mercado: “No se les ocurra hacer nada a través del Congreso como poner tope a las tasas o tratar de solucionar la situación de los deudores morosos. Va a ser contraproducente”. Para la City, el mercado debe autorregularse, incluso si eso implica convivir con niveles de atraso cercanos al 5%, similares a los de Brasil.
Mientras tanto, los datos de la consultora LCG muestran una leve recuperación del crédito en pesos en abril, con un incremento del 0,3% mensual.
No obstante, en términos interanuales, el crecimiento se moderó drásticamente, pasando de tasas de dos dígitos a un magro 9,1%.
La parálisis del financiamiento a empresas, que retrocedió un 0,8%, completa un cuadro donde el sector privado está asfixiado por el costo del dinero y la imposibilidad de cumplir con los compromisos asumidos durante el último año.
A diferencia de otras crisis, el deudor actual no es necesariamente un desempleado, sino un trabajador cuyo salario fue devorado por las tasas de interés.
El uso recurrente de la tarjeta de crédito para comprar alimentos y el pago mínimo se convirtieron en la puerta de entrada a este limbo financiero.
El legajo digital es hoy la nueva identidad civil: una vez que el algoritmo lo califica como insolvente, el individuo desaparece del radar de las fintech y queda a merced de usureros o del sector informal, profundizando la brecha económica en las principales Provincias del país.
Mora histórica: El sistema financiero alcanzó su pico máximo de incumplimiento desde la salida de la Convertibilidad.
Scoring letal: El incumplimiento genera una mancha en el legajo digital que excluye al deudor de bancos y fintech por años.
Tasas de rescate: Las entidades ofrecen refinanciar al 25% anual, por debajo de la inflación, para recuperar capital.
Falla de cálculo: Muchos usuarios tomaron deuda en 2024 esperando que la inflación licuara el capital, algo que no ocurrió.
Fintech en rojo: El nivel de morosidad en préstamos digitales llegó al 25%, duplicando al sistema tradicional.
Rechazo a la ley: El sector financiero advirtió al Congreso que no ponga topes a las tasas ni soluciones de emergencia.