La política argentina sumó un nuevo epicentro de tensión fuera de las fronteras de la Ciudad de Buenos Aires. El gobernador Axel Kicillof aterrizó en la provincia de Córdoba con una agenda que trasciende la gestión institucional y se mete de lleno en el barro electoral.
El mandatario bonaerense busca romper el aislamiento al que suele ser sometido el kirchnerismo en el centro del país y para ello tendió lazos directos con el peronismo no alineado.
En una jornada marcada por reuniones con sectores productivos y académicos, Kicillof dejó la puerta abierta para una construcción política transversal que incluya al gobernador local, Martín Llaryora. “Vamos a hablar con todos”, disparó el bonaerense al ser consultado sobre la posibilidad de confluir en un esquema común con el cordobés.
Esta frase no es azarosa: representa un desafío a la estrategia de cerrojo que históricamente impuso el Instituto Patria sobre las alianzas federales.
La relación entre la Provincia de Buenos Aires y Córdoba ha sido, históricamente, de una frialdad técnica que hoy parece descongelarse ante la presión del Poder Ejecutivo Nacional.
Kicillof entiende que para sobrevivir al ahogo financiero impuesto por la Casa Rosada, necesita aliados con peso territorial propio y caja autónoma.
El acercamiento a Llaryora busca generar un eje de gestión que contraste la eficiencia de los Estados provinciales frente al "anarcocapitalismo" que pregona Javier Milei.
“No podemos ser islas; el federalismo se construye con hechos, no con declaraciones”, deslizaron desde el entorno del gobernador durante la recorrida por el polo industrial cordobés.
La idea de un acuerdo programático con el "cordobesismo" permitiría a Kicillof perforar el techo electoral que el kirchnerismo duro tiene en la zona núcleo.
A cambio, le ofrece a Llaryora una vitrina nacional y la posibilidad de influir en la futura reconfiguración del peronismo.
Este despliegue territorial de Axel Kicillof tiene un destinatario claro en el Poder Legislativo: Máximo Kirchner y la conducción de La Cámpora.
Al buscar aire en Córdoba, el gobernador intenta demostrar que su liderazgo no depende de la lapicera porteña ni de las estructuras juveniles del conurbano.
Cada foto con dirigentes del peronismo federal es un mensaje directo a quienes intentan condicionar su capacidad de maniobra política desde el AMBA.
Sin embargo, el camino hacia una alianza formal con el Centro Cívico de Córdoba no está libre de espinas. El peronismo cordobés ha construido su identidad en base al antikirchnerismo y cualquier acercamiento demasiado explícito podría ser leído como una traición por su electorado.
Por eso, la estrategia de Kicillof es la de la "seducción por gestión", enfocándose en convenios de cooperación en salud, seguridad y educación que sirvan de antesala a una confluencia electoral.
Mientras los rumores de pacto crecen, la realidad económica de ambas provincias obliga a los mandatarios a acelerar los tiempos. El recorte de transferencias no automáticas por parte de la Nación ha golpeado con fuerza tanto a Buenos Aires como a Córdoba.
La provincia bonaerense reclama una deuda acumulada que supera los 6 billones de pesos, mientras que la mediterránea lucha por el financiamiento de su caja de jubilaciones.
Apertura total: Axel Kicillof confirmó que su armado político no tiene fronteras ideológicas dentro del peronismo y el federalismo.
Eje estratégico: El posible acuerdo con Martín Llaryora busca consolidar una liga de gobernadores contra el ajuste nacional.
Desmarque interno: El viaje representa un paso más en la autonomía del gobernador bonaerense respecto a la conducción de La Cámpora.
Recorte nacional: Ambas provincias coordinan reclamos judiciales ante la Corte Suprema por la quita de subsidios y fondos específicos.
Agenda productiva: Kicillof se reunió con empresarios cordobeses para mostrar un modelo de "Estado presente" que defiende la industria nacional.
Mirada en 2027: Aunque falte, los movimientos en el centro del país anticipan la conformación de un frente electoral de amplio espectro.