En medio de una sequía financiera que asfixia a la mayoría de los distritos bonaerenses, San Nicolás de los Arroyos se erige como una isla de autonomía.
El intendente Santiago Passaglia rompió el silencio para confirmar que en su ciudad la obra pública continúa con fondos propios, desafiando la lógica de parálisis que impera en el resto de la Provincia de Buenos Aires.
Su postura no fue solo un anuncio de gestión, sino una estocada política directa contra los alcaldes que, según sus palabras, viven en la “queja permanente” ante la falta de recursos externos.
Passaglia fue contundente al afirmar que el plan de infraestructura local seguirá adelante “gobierne quien gobierne” en la Nación y en el territorio provincial.
Esta declaración busca blindar a su distrito de los vaivenes del Poder Ejecutivo nacional y de las disputas de caja de la Gobernación. Para el jefe comunal nicoleño, la clave no reside en la coparticipación, sino en una administración orientada a resultados que permita que los municipios se sostengan por sí mismos sin estirar la mano hacia La Plata o la Casa Rosada.
La publicación de Santiago Passaglia en su cuenta de X funcionó como un espejo incómodo para muchos de sus colegas de la región.
El mensaje surgió como respuesta a los recientes informes que marcan un profundo malestar entre los intendentes por la baja en la recaudación de tasas municipales y la disminución de los fondos que bajan desde el Estado bonaerense.
Mientras otros distritos suspenden bacheos y luminarias, el artífice del espacio Hechos saca pecho con una gestión que no depende del humor de Axel Kicillof.
“En San Nicolás administramos bien los recursos y por eso continuamos haciendo obra pública para mejorarles la calidad de vida a nuestros vecinos”, enfatizó el mandatario.
La crítica elíptica hacia otros jefes comunales apunta a una cultura política que, según el clan Passaglia, prefiere el lamento mediático antes que el ajuste de las cuentas internas.
En San Nicolás, el modelo se basa en una estructura municipal ágil que ya ha dado muestras de autonomía previa, como cuando el distrito decidió salirse de la obra social IOMA por ineficiencia.
El posicionamiento de Santiago Passaglia, junto a su hermano Manuel Passaglia, consolida el peso propio del espacio Hechos dentro del tablero bonaerense.
Al demostrar que es posible gestionar obras con recursos locales, los Passaglia le quitan el argumento de la “asfixia financiera” a aquellos intendentes que paralizaron sus distritos.
Este discurso sintoniza con la demanda de austeridad que hoy impera en el electorado y le otorga a San Nicolás un estatus de referente para otros municipios del interior que buscan despegarse de la dependencia estatal.
Sin embargo, el desafío de Passaglia no es solo discursivo. Al sostener la obra pública en un contexto de recesión y caída de recaudación provincial, el intendente pone a prueba la capacidad de resistencia de su propio tesoro municipal.
En la Provincia, muchos miran de reojo este “modelo de resultados”, preguntándose si es replicable en distritos con mayor vulnerabilidad social o si se trata de una ventaja competitiva de un municipio que ha logrado sanear sus deudas y optimizar el cobro de tasas locales bajo un esquema de eficiencia corporativa aplicado a lo público.