La política de Río Negro ha dejado de ser un mar en calma para convertirse en un territorio de guerra de guerrillas, donde el apellido Soria vuelve a proyectar su sombra sobre toda la Patagonia.
En General Roca, el bastión inexpugnable del sorismo, la intendenta María Emilia Soria decidió que ya no le alcanza con administrar su "patio trasero" y aceleró a fondo su construcción política rumbo a 2027.
En un escenario donde el gobernador Alberto Weretilneck y sectores del PRO ensayan una alianza de supervivencia para desplazar al peronismo roquense, la jefa comunal eligió la ofensiva como mejor defensa.
María Emilia Soria no se replegó ante las amenazas de intervención territorial; por el contrario, salió a marcar la cancha con un discurso de alcance provincial que deja en evidencia los límites del actual modelo de gestión de Juntos Somos Río Negro.
“No quiero ser únicamente la candidata de un sector específico, sino la representante de todos los rionegrinos que comparten la visión de que Río Negro puede avanzar hacia un mejor futuro”, disparó la intendenta, lanzando una señal inequívoca de que su proyecto es transversal y busca pescar fuera de la pecera del PJ tradicional.
Uno de los puntos más ácidos del planteo de María Emilia Soria es su visión sobre el desarrollo hidrocarburífero. La intendenta se diferenció tajantemente del modelo extractivista que impulsa la Provincia y advirtió sobre los riesgos de una economía mono-dependiente.
“No es acertado depender exclusivamente de Vaca Muerta y convertirnos en su vagón de cola. Tenemos que diversificar nuestra matriz productiva sin relegar sectores esenciales como la fruticultura, la agricultura, la ganadería, la pesca y el turismo”, planteó con firmeza la dirigente roquense.
Para Soria, el impacto de la energía no debe ser un espejismo que deje ciudades devastadas cuando el ciclo termine. Alertó sobre problemas que ya son una realidad en los nodos energéticos:
“Hace falta una política estatal que acompañe este desarrollo para generar un impacto real y sostenible. Ya vemos problemas de alquileres desmedidos, empleos temporales y economías atadas a un solo sector”.
Esta mirada productivista busca seducir a los chacareros del Alto Valle y a los sectores turísticos de la cordillera, quienes se sienten desplazados por la agenda petrolera de Alberto Weretilneck.
El verdadero terremoto político se produjo el último viernes, cuando María Emilia Soria publicó una imagen que nadie en Viedma vio venir: una reunión con el exintendente de Bariloche, Gustavo Gennuso.
El dirigente barilochense, que hasta hace poco era una pieza clave en Juntos Somos Río Negro, se encuentra en un proceso de ruptura total con el gobernador.
La relación llegó a su punto más bajo cuando Alberto Weretilneck cuestionó públicamente la estabilidad emocional de Gennuso, deslizando con sorna que el exalcalde debía “ir al psicólogo”.
La respuesta de Gennuso no fue al diván, sino a la oficina de la principal enemiga política del gobernador. El encuentro entre los jefes de las dos ciudades con mayor peso electoral de la provincia, General Roca y San Carlos de Bariloche, fue leído como la gestación de una alianza anti-oficialista.
“Reunirme con María Emilia Soria, que tiene una mirada productivista de la provincia, es muy importante para intercambiar ideas para un mejor Río Negro”, afirmó Gustavo Gennuso, quien además aseguró estar listo para “recorrer toda la provincia para buscar la mejor alternativa posible”.