La situación política en San Luis atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el regreso de la democracia. En menos de dos semanas, el gobernador Claudio Poggi quedó envuelto en dos frentes de conflicto que tensionaron aún más el escenario provincial: una denuncia penal por presunto enriquecimiento ilícito radicada en los tribunales federales de Comodoro Py y un fuerte ajuste estatal que incluye reducción de ministerios y eliminación de cargos políticos.
La presentación judicial fue impulsada por el diputado nacional de Unión por la Patria, Ernesto Ali, quien argumentó que el crecimiento patrimonial del mandatario puntano sería “exponencial y sin justificación”. Al mismo tiempo, el gobierno provincial anunció una reestructuración del Estado bajo el argumento de que la administración pública se volvió financieramente insostenible.
Desde distintos sectores opositores sostienen que el recorte llega después de años de expansión de la estructura estatal y advierten que todavía no existen informes públicos que permitan conocer el impacto real de las medidas.
El jueves 16 de abril, Ernesto Ali, exministro de Seguridad durante la gestión de Alberto Rodríguez Saá, presentó una denuncia penal contra Claudio Poggi en los tribunales federales de Comodoro Py.
Según el escrito judicial, al que accedió REALPOLITIK, el patrimonio del gobernador habría crecido de manera incompatible con los ingresos declarados durante sus años como funcionario público.
Ali sostuvo que la investigación debe avanzar sobre el origen de los fondos y pidió que se convoque a testigos vinculados a la administración provincial.
“Los puntanos tienen derecho a saber si su gobernador se enriqueció mientras administraba los recursos de todos”, afirmó el legislador tras presentar la denuncia.
Desde el entorno del gobernador rechazaron las acusaciones. El asesor Martín Lucero aseguró que las declaraciones juradas “están en orden” y que Poggi se encuentra dispuesto a presentarlas ante la Justicia.
Funcionarios cercanos al mandatario también calificaron la denuncia como una “operación política” en medio de la crisis económica que atraviesa la provincia.
En paralelo con la denuncia judicial, el gobierno provincial confirmó un plan de reducción del aparato estatal. La administración de Claudio Poggi informó que pasará de 12 a 7 ministerios, en lo que definió como una política de “austeridad y eficiencia administrativa”.
Entre las modificaciones anunciadas aparecen fusiones de áreas clave y la eliminación de más de 200 cargos políticos.
Durante la conferencia de prensa, Poggi afirmó:
“Es momento de que el Estado se achique, no los bolsillos de los trabajadores”.
Sin embargo, dirigentes opositores cuestionaron la falta de transparencia en la implementación del ajuste. El diputado provincial Carlos Morel aseguró que el gobierno “anuncia recortes sin mostrar documentación pública” y reclamó estudios de impacto concretos.
La discusión también gira en torno a quiénes serán efectivamente alcanzados por la reducción. Sectores gremiales y legislativos advierten que todavía no está claro si la “motosierra” avanzará sobre estructuras políticas o si terminará afectando principalmente a empleados estatales con funciones específicas.
La coincidencia temporal entre la denuncia judicial y el anuncio del ajuste profundizó la tensión política en la provincia. Desde distintos bloques opositores reclamaron una investigación exhaustiva sobre el patrimonio del gobernador y pidieron explicaciones sobre el estado financiero real de San Luis.
Además, desde diciembre de 2023 se acumularon otras denuncias contra la gestión provincial. Entre ellas aparecen cuestionamientos por el desdoblamiento del pago de salarios estatales y acusaciones vinculadas al manejo de fondos públicos.
También crecieron las críticas al programa alimentario escolar PANE, luego de denuncias por presuntas intoxicaciones y reclamos por la calidad nutricional de las viandas entregadas en escuelas.
Mientras tanto, el oficialismo sostiene que la provincia atraviesa una situación económica compleja y defiende el ajuste como una medida necesaria para ordenar las cuentas públicas.