La política del garrote y el discurso del miedo volvieron con fuerza a la Patagonia.
El gobernador Ignacio Torres, en un acto de cinismo que recuerda a las épocas más oscuras de la Argentina, ha decidido declarar la guerra a los trabajadores de la educación.
Siguiendo el manual de su aliada y referente nacional, la "miliquita" Patricia Bullrich, el mandatario provincial salió a tildar de "violenta" a la docencia y a acusar a la izquierda de estar "infiltrada" para "provocar el caos".
Estas frases, que resuenan con el eco del terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, no son más que el escudo de un gobierno que se siente acorralado por la realidad social de Chubut.
El ataque mackartista contra los que luchan tiene una explicación clara: Ignacio Torres es el garante de los negocios de los amigos de Javier Milei.
Mientras el pueblo trabajador mendiga un aumento salarial, el gobernador se abraza con empresarios como Madanes Quintanilla y Bulgheroni, garantizando beneficios para las patronales esclavistas y asegurando el pago de una deuda externa fraudulenta.
Para este esquema antiobrero, la docencia es un estorbo que debe aceptar pasivamente vivir con salarios de hambre, con la complicidad necesaria de una oposición funcional y de dirigentes sindicales que hace tiempo se olvidaron de representar a sus bases.
La tensión alcanzó su punto máximo en el Ministerio de Educación. Lo que el gobierno intentó maquillar como un operativo de seguridad, fue en realidad una fuga desesperada.
El ministro José Luis Punta tuvo que abandonar el edificio por los techos, una imagen que evoca los momentos más críticos de la historia argentina y que desató el pánico en las filas del oficialismo.
La respuesta del Secretario de Coordinación, Andrés Arbeletche, fue casi cómica si no fuera trágica: llegó a afirmar que utilizaron un “un doble de la policía para que Punta pueda salir del ministerio sin violencia”. La mentira oficial solo confirma que el gobierno de Ignacio Torres le teme a la calle.
Esta huida no es un hecho aislado, sino la respuesta a un nuevo momento político que se abrió en la provincia con la rebelión de los docentes autoconvocados.
El conflicto, que comenzó en las aulas, prendió como un reguero de pólvora y ya se extendió a los auxiliares de educación y a los trabajadores de la salud.
El pueblo trabajador ve en los guardapolvos una bocanada de aire fresco, un entusiasmo que invita a salir a luchar para recuperar todo lo que los gobiernos de Ignacio Torres y Javier Milei le han robado a la clase media y a los sectores más vulnerables.
El gobernador Ignacio Torres ha decidido ser el mejor alumno del ajuste libertario. Su gestión se basa en la transferencia de recursos desde el bolsillo del trabajador hacia las cuentas de las grandes empresas.
En Chubut, el ajuste no lo paga la casta, sino la maestra que no llega a fin de mes y el enfermero que trabaja en condiciones precarias.
La retórica oficial busca instalar que cualquier reclamo legítimo es un intento de desestabilización, utilizando a la "miliquita" Patricia Bullrich como garante de una represión que ya no solo es física, sino también discursiva y judicial.
"Torres vio en la huida de su ministro un posible futuro para él y su gobierno antiobrero", aseguran desde las asambleas de autoconvocados.
La prepotencia oficial choca de frente con una solidaridad popular que crece día a día. El intento de dividir a los trabajadores señalando a "infiltrados de izquierda" ya no surte efecto en una sociedad que sabe perfectamente quiénes son los que se enriquecen mientras la educación pública se cae a pedazos.
El escenario en Chubut es el de una provincia en pie de guerra contra un modelo que desprecia la vida y el trabajo.
Ataque mackartista: El gobernador Ignacio Torres acusa a los docentes de violentos y a la izquierda de "infiltrada" para deslegitimar el reclamo.
Huida ministerial: El ministro José Luis Punta escapó por los techos del ministerio ante la presión de los trabajadores.
Escusa oficial: El secretario Andrés Arbeletche alegó el uso de un "doble de la policía" para justificar la fuga del funcionario.
Salarios de hambre: La docencia reclama por haberes que no cubren la canasta básica mientras la provincia prioriza el pago de deuda.
Extensión del conflicto: La lucha de los autoconvocados sumó a trabajadores de salud y auxiliares en toda la provincia.
Sintonía con Nación: Ignacio Torres aplica el mismo modelo de ajuste y represión que Javier Milei y Patricia Bullrich.