La premisa oficial de la austeridad fiscal y el congelamiento absoluto de las partidas presupuestarias para el reequipamiento militar alcanzó un límite que bordea el absurdo en las economías regionales.
El Ejército Argentino oficializó un llamado a licitación pública de características inéditas en el departamento de San Rafael, Mendoza, que expone de forma dramática la falta de liquidez para el mantenimiento básico de sus unidades.
El pliego estipula que ganará el proveedor que acepte recibir la menor cantidad de fruta a cambio de los repuestos, debiendo hacerse cargo además del flete y la comercialización.
El escándalo estalló justo cuando los altos mandos militares, como el almirante Juan Carlos Romay, venían advirtiendo públicamente sobre el peligroso estado de indefensión hídrica, terrestre y tecnológica del país ante la escalada de la tensión internacional.
Ante la imposibilidad de afrontar pagos en efectivo debido al torniquete de fondos que baja desde el Ministerio de Defensa de la Nación, la jefatura del predio militar local decidió recurrir al ancestral mecanismo del trueque: ofrece pagar con toneladas de membrillo de producción propia a la empresa o particular que logre proveer el lote de autopartes necesario para poner en marcha una camioneta Chevrolet S10 modelo 2010.
La ingeniería del pliego administrativo de la licitación generó asombro e ironía entre los habituales proveedores del Estado.
Según los términos de la convocatoria, la compulsa no se definirá en base al presupuesto más bajo en pesos, sino bajo una lógica de puja invertida de materia prima: el contrato será adjudicado a aquel oferente que acepte recibir la menor cantidad de kilos de membrillo a cambio de las piezas mecánicas solicitadas.
Para colmo de males, el pliego impone exigencias severas para los interesados, determinando que el proveedor que resulte seleccionado deberá hacerse cargo de la logística de recolección de la fruta en la finca militar, los costos del flete de traslado y todos los gravámenes derivados de su posterior comercialización en el mercado mayorista.
La difusión de este "canje agrícola-mecánico" cayó como una bomba de agua fría en los despachos de los altos mandos de las Fuerzas Armadas, exponiendo una contradicción flagrante entre la cruda realidad operativa de los cuarteles del interior y las demandas estratégicas de la cúpula militar en Buenos Aires.
El episodio coincidió temporalmente con las celebraciones oficiales por el Día Nacional de la Armada Argentina, marco en el cual el jefe de la fuerza, el almirante Juan Carlos Romay, pronunció un discurso de inusual dureza institucional.
Ante las autoridades del Gobierno nacional, Romay advirtió que la Argentina se encuentra en una situación de preocupante rezago logístico y reclamó la imperiosa necesidad de incorporar tecnología de punta, renovar las flotas obsoletas y reforzar de manera urgente el equipamiento militar frente al nuevo escenario de alta tensión internacional que se configura en este 2026.
Mientas la conducción de las FFAA traza planes de alta estrategia geopolítica en foros internacionales, la realidad de las bases en la Provincia de Mendoza demuestra que las unidades del interior deben arbitrar recursos de subsistencia rural para evitar el parate total de sus patrullas cotidianas.
La camioneta en cuestión, una Chevrolet S10 con dieciséis años de antigüedad sobre el chasis, forma parte de los vehículos de apoyo logístico diario del predio sanrafaelino, y la decisión de canjear la cosecha de la finca interna por repuestos de motor evidencia que las partidas presupuestarias corrientes para la compra de insumos básicos fueron recortadas a cero.
El fenómeno del trueque militar en el sur mendocino reavivó el debate sobre las verdaderas consecuencias de la asfixia financiera a los organismos del Estado.
En sectores vinculados a la oposición y analistas en materia de Defensa Nacional señalan que forzar a las instituciones armadas a comportarse como cooperativas agrícolas de trueque para mantener operativa una simple pick-up utilitaria degrada la jerarquía institucional y expone las graves deficiencias operativas del país.
La escasez de repuestos y la canibalización de vehículos antiguos para reparar los más nuevos ya venía registrándose en el conurbano bonaerense y en los destacamentos del interior, pero la oficialización de un pliego de contratación que utiliza fruta como moneda de cambio representa un hito de precariedad inédito para la historia reciente de la administración pública argentina.
Moneda de fruta: El Ejército Argentino ofrece toneladas de membrillo de su cosecha propia para pagar repuestos mecánicos.
El vehículo a reparar: Se trata de una camioneta Chevrolet S10 modelo 2010 asignada a un predio militar de San Rafael, Mendoza.
Puja invertida: La licitación pública se la llevará el proveedor que demande la menor cantidad de fruta a cambio de las autopartes.
Logística privada: El pliego obliga al ganador a encargarse de la recolección, el flete y los costos de venta del membrillo.
Malestar en las cúpulas: El hecho trascendió en paralelo al reclamo del almirante Juan Carlos Romay por la alarmante falta de inversión militar.
Presupuesto cero: Analistas advierten que el recurso del trueque evidencia la parálisis total de las partidas de mantenimiento en las FFAA.