El deterioro del poder adquisitivo de las jubilaciones volvió a quedar en el centro del debate económico y social. Según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, el bono extraordinario de $70.000 que perciben quienes cobran la jubilación mínima perdió el 49% de su valor real desde que comenzó a pagarse hace dos años.
El estudio sostiene que, si ese refuerzo se hubiera actualizado por inflación, hoy debería alcanzar los $155.386. En ese escenario, la jubilación mínima pasaría de los actuales $450.319 a $535.705.
La pérdida de valor del bono redujo significativamente su capacidad para compensar el impacto de la suba de precios sobre los ingresos de los adultos mayores. De acuerdo con el informe, mientras en sus inicios el bono representaba cerca del 29% del haber total, actualmente equivale apenas al 16%.
El informe del ODSA advierte que desde abril de 2025 la jubilación mínima registró una caída real del 1,29% sin bono y del 4,4% incluyendo el refuerzo extraordinario.
Además, el haber mínimo actual equivale al 74% del promedio anual registrado en 2018, último período en el que no existían bonos complementarios para reforzar ingresos previsionales.
A partir de las proyecciones inflacionarias del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, el ODSA estimó cómo evolucionará la jubilación mínima hasta abril de 2027.
El trabajo concluye que, aunque el haber sin bono podría mostrar una mejora leve del 3,5% real, la jubilación con bono permanecería prácticamente estancada. Para entonces, el refuerzo extraordinario habría perdido cerca del 58% de su valor real respecto de abril de 2024.
El documento de gestión presentado recientemente por la Jefatura de Gabinete ante el Congreso aclaró que el bono previsional tiene carácter “extraordinario, no contributivo y asistencial”.
Según el texto oficial, el refuerzo no forma parte del haber jubilatorio y, por lo tanto, no está alcanzado por el régimen de movilidad previsional.
Además, el Gobierno remarcó que cualquier actualización dependerá de “las condiciones de equilibrio fiscal y sostenibilidad del sistema previsional”.
Ese argumento aparece en medio de una discusión creciente sobre el atraso de los ingresos de los jubilados frente a la inflación acumulada y el aumento del costo de vida.
Otro dato que expone la crisis previsional es el valor de la Canasta Básica de los Jubilados, calculada por la Defensoría de la Tercera Edad.
Según el relevamiento, en marzo alcanzó los $1.824.682 mensuales, una cifra muy superior a los ingresos mínimos actuales.
Los gastos en medicamentos representan el rubro más pesado dentro de la canasta, con un 28% del total.
El informe también señala que los ingresos actuales apenas cubren una fracción de las necesidades básicas de los adultos mayores, especialmente en un contexto de inflación persistente y aumento de servicios esenciales.
El estudio del ODSA reconstruyó además la evolución de las jubilaciones mínimas en las últimas dos décadas.
Entre 2002 y 2013, en un contexto de recuperación económica y menor inflación, el haber mínimo pasó de $269.040 a $728.630 medidos a precios constantes de abril de 2026, lo que representó un crecimiento cercano al 170%.
Sin embargo, entre 2013 y 2023 comenzó una fuerte pérdida del poder adquisitivo:
El piso más bajo se registró en febrero de 2024, cuando los haberes equivalían a $248.949 sin bono y $378.471 con bono, siempre medidos a valores constantes de abril de 2026.
Por otra parte, un estudio del economista Nadin Argañaraz indicó que los jubilados de haberes altos lograron recuperar un 7,8% de poder adquisitivo desde noviembre de 2023, mientras que quienes cobran la mínima perdieron un 10,3% en el mismo período.