Con bombos y platillos, el Ministerio de Seguridad porteño anunció la denominada "Operación Muro", un mega-despliegue policial que, bajo la excusa de combatir el delito, bloqueó los accesos con el conurbano bonaerense, transformando los puentes y avenidas en verdaderos cuellos de botella coercitivos.
Detrás del desfile de drones, helicópteros y cámaras del Anillo Digital, se esconde la desesperación de un alcalde que no logra frenar los robos ni los homicidios en los barrios, optando por profundizar una peligrosa lógica de "guetización" y estigmatización hacia los trabajadores que cruzan la frontera de la General Paz todos los días.
La "Operación Muro" no es más que la profundización de un discurso xenófobo y segregacionista que intenta responsabilizar al habitante de la Provincia de Buenos Aires de todos los males que ocurren en territorio porteño.
El despliegue policial simultáneo cercó un total de 24 kilómetros de frontera a lo largo de la Avenida General Paz y los puentes que cruzan el Riachuelo.
En un operativo que parecía más propio de una zona de guerra que de una urbe integrada, las fuerzas de seguridad fiscalizaron 48 accesos vehiculares, 27 pasos peatonales y 16 puntos estratégicos sobre autopistas neurálgicas como la Perito Moreno, Dellepiane y la Autopista 9 de Julio.
El foco del procedimiento dejó en claro el sesgo clasista y punitivista del primo de Mauricio Macri: la interceptación sistemática de motocicletas con dos ocupantes, unidades de transporte público de pasajeros, vehículos de carga ligera y autos de clase media y baja con vidrios polarizados.
Mientras los delincuentes y las bandas organizadas operan con total impunidad en los pasillos de las comunas del sur y liberan zonas en el norte, la Policía de la Ciudad se dedica a demorar y someter a requisas humillantes a miles de albañiles, empleados de comercio y repartidores que solo intentan regresar a sus hogares.
El operativo dio inicio puntualmente a las 19:00 horas, el peor momento posible del regreso a casa, transformando la salida de la Capital en un verdadero infierno automotor.
Para justificar el gigantesco gasto presupuestario que insume mover helicópteros, hacer sobrevolar drones, movilizar colectivos de la división de canes (K9) y desplegar agentes de Tránsito y Seguridad Comunal, el territorio se dividió en cuadrantes desde el Río de la Plata hasta el sur de la geografía porteña.
Toda esta parafernalia logística se apoyó en el cacareado sistema de cámaras del Anillo Digital, una estructura que sirve para acumular gigabytes de video pero que rara vez previene un arrebato en las paradas de colectivos o un robo bajo la modalidad "piraña". Según los funcionarios macristas, este formato "sorpresa e intermitente" busca endurecer los controles.
En la práctica, es la admisión explícita de que no tienen un plan de seguridad integral de fondo. Jorge Macri gobierna la Ciudad con la misma lógica vecinalista y de cotillón con la que manejaba Vicente López: si no podés solucionar el problema, armá un buen set de filmación, poné luces LED azules en la General Paz, filmá desde el aire y vendelo en X como si estuvieras combatiendo al cartel de Medellín.
Mientras tanto, el vecino de la Ciudad sigue pagando impuestos de primer mundo para recibir un show de seguridad de cotillón.
Show mediático: Se lanzó la "Operación Muro", un bloqueo policial de accesos que colapsó el tránsito en hora pico.
Frontera de control: Afectó a 24 kilómetros de límite geográfico, controlando puentes, 48 accesos vehiculares y 27 pasos peatonales.
Estigmatización: El foco estuvo puesto en revisar colectivos, camionetas de carga ligera y motos, persiguiendo al laburante.
Costo excesivo: Desplegaron helicópteros, drones y la división K9 solo para montar videos promocionales de la gestión.
Sin prevención: El Anillo Digital y las cámaras se usan para reaccionar tarde en lugar de desmantelar las redes criminales internas de CABA.