El escenario parlamentario nacional acaba de registrar un quiebre de proporciones tectónicas en este 2026. Una ruidosa sesión en el Senado de la Nación dejó seriamente dañada la autoridad presidencial y expuso una verdad que la Casa Rosada intentaba negar: el nacimiento de una alianza subterránea entre la senadora Patricia Bullrich y la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Aunque el presidente Javier Milei intentó camuflar el golpe celebrando en público la aprobación de un paquete de 74 pliegos judiciales, en los despachos oficiales el clima es de alarma total.
Para el mandatario nacional, la sesión de esta semana tenía un único objetivo prioritario: impedir a toda costa que se aprobara el pliego de María Verónica Michelli para ocupar un tribunal oral en La Plata.
Sin embargo, la orden del Ejecutivo fue desobedecida de forma flagrante en el recinto.
Lo que para cualquier administración hubiese sido un nombramiento menor de segunda línea, el Presidente lo elevó a una cruzada personal y de Estado.
Para la lógica de Olivos, era sustancialmente más importante truncar el avance de Michelli que asegurar la aprobación de los otros 73 pliegos de la lista —una nómina confeccionada por la influencia de Juan Bautista Mahiques, el sector de los Menem y sectores de la Justicia donde el Poder Ejecutivo carece de llegada directa—.
Hasta altas horas de la noche previa a la sesión, tanto Javier como Karina Milei repetían de forma tajante que el pliego de la postulante bajo la lupa no se podía votar.
La ingeniería legislativa desplegada para saltar el veto presidencial encendió todas las alarmas en el Gobierno, exponiendo las severas fisuras internas dentro del propio bloque oficialista y el peso de aliados que ya no responden de manera automática a los deseos de la Casa Rosada.
El trasfondo del quiebre expone una paradoja de la estrategia política de Milei. Teóricamente, la misión política de Patricia Bullrich en la Cámara Alta consistía en marcar de cerca y "poner en raya" a Victoria Villarruel, a quien los hermanos Milei eligieron ubicar deliberadamente en el rol de enemiga interna en lugar de capitalizarla para blindar el Senado. No obstante, con cinco décadas de trayectoria sobre las espaldas, la exministra olfateó que el camino más inteligente era tejer una alianza táctica con la vicepresidenta, manteniendo las formas y simulando un distanciamiento de cara a las cámaras de televisión.
En la Casa Rosada perciben con pánico que a este eje estratégico liderado por Bullrich —quien hoy mide mejor que el Presidente en los sondeos de opinión y se muestra lanzada hacia el 2027— se están acoplando de forma sistemática el PRO, la Unión Cívica Radical (UCR) y diversas bancadas provinciales. El alineamiento de estos sectores, que hasta hace semanas actuaban como aliados incondicionales de La Libertad Avanza, quedó en evidencia con el desmarque de figuras como la radical Carolina Losada, quien habitualmente sintonizaba con el Gobierno pero esta vez optó por respaldar la postura de Bullrich.
Las consecuencias prácticas de haber perdido la conducción política del Senado ya se empezaron a sentir de manera inmediata en la agenda legislativa de la Casa Rosada. El Gobierno nacional se topó con una muralla infranqueable y no logra destrabar tres de sus proyectos más emblemáticos:
La eliminación de las PASO.
El proyecto de Zonas Frías.
La ley de propiedad privada, un texto estratégico que la Rosada pretendía someter a votación y que debió retirar de urgencia ante la certeza de una derrota humillante.
La mayor preocupación de los estrategas libertarios radica en que esta masa crítica tiene la potencialidad real de cerrar el Senado a cualquier iniciativa emanada del Ejecutivo. Si a este nuevo eje articulado por Bullrich y Villarruel se le llega a sumar el peronismo de manera coyuntural —tal como ocurrió en la votación del pliego judicial de Michelli—, los hermanos Milei enfrentarán un escenario de parálisis legislativa total, perdiendo la iniciativa política en la segunda mitad de su mandato.
Pérdida de control: El Senado avanzó con una agenda judicial que desafió las órdenes directas de Javier y Karina Milei.
El factor Michelli: El Presidente convirtió en una disputa nacional el pliego de la cuñada de Alconada Mon y terminó sufriendo una dura derrota.
Alianza interna: En el Gobierno detectaron un acuerdo subterráneo entre Patricia Bullrich y la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Fuga de aliados: Sectores del PRO, partidos provinciales y radicales como Carolina Losada decidieron desmarcarse de la Casa Rosada.
Leyes frenadas: Por la falta de mayoría, el Ejecutivo debió retirar la ley de propiedad privada y tiene trabada la eliminación de las PASO.