El sábado 9 de junio de 1956 el General Juan José Valle encabezó un levantamiento cívico-militar contra la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu. La autodenominada “Revolución Libertadora” había derrocado a Juan Domingo Perón en 1955, proscripto al peronismo y derogado la Constitución de 1949. Valle se alzó para devolverle al pueblo la democracia que le habían robado a tiros.
La rebelión fue sofocada en horas. La dictadura respondió con fusilamientos sin juicio. El episodio más brutal ocurrió en los basurales de José León Suárez: allí ejecutaron clandestinamente a civiles, varios detenidos antes del alzamiento. El 12 de junio fusilaron a Valle en la Penitenciaría Nacional. Su último grito fue: “¡Viva la Patria!”.
Ese 9 de junio nació la Resistencia Peronista. Empezaron 18 años de proscripción, clandestinidad y lucha. Con Perón exiliado, el partido prohibido y los símbolos perseguidos, el movimiento sobrevivió en las fábricas, los sindicatos y los barrios. Fueron los años del “caño”, de las pintadas de “Perón Vuelve” y de la lealtad sin cargos ni sellos.
Rodolfo Walsh investigó los fusilamientos de José León Suárez. En 1957 publicó Operación Masacre y demostró que la dictadura mató a gente que no había participado del levantamiento. Fue la primera denuncia documentada del terrorismo de Estado en Argentina.
Porque el 9 de junio el peronismo entendió que no lo iban a borrar por decreto. Que ni la cárcel, ni el exilio, ni los fusilamientos alcanzaban. Resistió 18 años en la sombra y volvió con Perón en 1973.
Por eso hoy decimos: No nos han vencido.