Hay fechas que no son simples anotaciones en un calendario. Son heridas abiertas, banderas al viento, memorias que el tiempo no logra doblar. Hoy, 10 de junio, la Argentina detiene su pulso cotidiano para mirar hacia el sur y reafirmar, una vez más, que hay territorios donde la identidad de un pueblo está tallada en la piedra del Atlántico.
Fue un día como hoy, en 1829, cuando el gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, designó a Luis Vernet como Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas. No era un acto burocrático: era la afirmación de que una nación joven, recién nacida a la independencia, ejercía soberanía efectiva sobre esas islas australes que había heredado legítimamente de España. Vernet ya vivía allí con su familia y colonos. La presencia argentina no era una declaración abstracta: era carne, trabajo y bandera clavada en la tierra fría.
Apenas cuatro años después, en enero de 1833, fuerzas británicas expulsaron a las autoridades y pobladores argentinos. Desde entonces, ningún gobierno de la República ha renunciado jamás al reclamo. La causa Malvinas es, en ese sentido, la única política de Estado que ha sobrevivido a todas las ideologías.
El filósofo Paul Ricoeur sostenía que la identidad de un pueblo se construye en la intersección entre la memoria y la promesa. Los argentinos cargamos ambas: la memoria de los 649 soldados que dieron la vida en 1982 y la promesa irrenunciable de recuperar, por vías pacíficas y diplomáticas, el pleno ejercicio de la soberanía. La Resolución 2065 de la ONU respalda ese camino; el derecho internacional, también.
Hoy, 196 años después de aquel acto fundacional, las islas permanecen bajo administración británica. Pero hay verdades que no se administran: la geografía no miente, la historia no se borra y el mar, ese mar que separa y une, sigue siendo el mismo que bañó las costas de Puerto Soledad cuando flameó por primera vez la bandera celeste y blanca. Las Malvinas, como el horizonte, están ahí —lejanas y propias— esperando el regreso que la diplomacia y la razón, algún día, harán posible.
Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.
