El ambiente castrense observa con una profunda alarma. La presidencia libertaria impulsa políticas para ceder rápidamente valiosos bienes estatales. Este enfoque ideológico facilita transferir infraestructura militar hacia corporaciones inmobiliarias afines. Semejante anarcocapitalismo amenaza instalaciones estratégicas nacionales.
Todo el conflicto originó sus raíces durante 1991, cuando Carlos Menem gobernaba Argentina. Ese primer mandatario privatizó los astilleros navales entregándolos al consorcio INDARSA (Inversora Dársena Norte). Dicho grupo empresarial tenía a la familia Román como principal accionista. Lejos de potenciar esa actividad marítima, armaron una red muy dudosa.
Meses después decidieron constituir la firma Puerto Retiro S.A. transfiriéndole ilegalmente valiosos terrenos ribereños. Esta maniobra buscaba vaciar el patrimonio público sin generar sospechas inmediatas. Posteriormente, hacia 1993, ingresó un nuevo jugador financiero sumamente pesado. Se trataba del holding IRSA, liderado por Eduardo Elsztain.
El poderoso empresario judío adquirió velozmente setenta y cinco por ciento del mencionado directorio. El objetivo conjunto apuntaba a desarrollar un megaproyecto con torres lujosas sobre esa zona portuaria. Los antiguos dueños conservaron solo veinticinco puntos porcentuales para mantenerse expectantes. Semejante negocio requería fuertes influencias políticas.
Hubo un extenso proceso penal que impugnó estas maniobras por flagrantes fraudes contra el Estado. Durante esos años turbulentos, Mariano Cúneo Libarona se desempeñó formalmente como abogado defensor de aquella polémica sociedad.
La relación entre Javier Milei y el empresario Eduardo Elsztain —presidente de IRSA, Banco Hipotecario y Cresud— es una de las alianzas empresariales y espirituales más importantes de la administración libertaria. Elsztain ha operado como un sostén logístico, un vínculo con el establishment y un consejero espiritual del mandatario.
Tras muchísimo tiempo litigando, el tribunal federal dictaminó sentencia firme. Luego, nuestra Corte Suprema ratificó definitivamente una nulidad absoluta sobre dicha privatización argumentando "graves vicios ilegales". Los magistrados ordenaron restituir inmediatamente esos codiciados terrenos al patrimonio perteneciente a la Marina de Guerra. Semejante epopeya parecía terminada.
Sin embargo, aquella persona jurídica irregular nunca fue disuelta mediante herramientas formales. Actualmente sigue existiendo en los papeles comerciales argentinos. Esto deja una peligrosa ventana abierta hacia futuras jugadas especulativas. Nadie cerró verdaderamente ese oscuro capítulo burocrático.
Caminar hoy por las inmediaciones portuarias transmite desolación absoluta. Los inmensos galpones herrumbrados contrastan violentamente contra modernos rascacielos linderos ubicados en Retiro. Quienes trabajaron allí recuerdan épocas doradas construyendo buques majestuosos. Hoy solo quedan chatarras consumidas bajo el salitre ribereño.
Esa postal decadente oculta un botín invaluable. Desarrollar urbanísticamente estas tierras garantizaría ganancias siderales para cualquier empresario audaz. Quienes conocen al actual presidente aseguran que desprecia mantener predios ociosos. Su visión económica prioriza siempre la iniciativa privada extrema.
Ante este fresco contexto gubernamental, la persistencia societaria recobra vital importancia. Los codiciosos desarrolladores apuntan a desplegar todo su lobby frente al influyente asesor Santiago Caputo. Saben perfectamente que las actuales directivas oficiales promueven vender inmuebles estatales compulsivamente. Buscan saltear cualquier histórico fallo supremo rápidamente.
Aquel objetivo final busca reconvertir esa franja costera transformándola en un millonario negocio inmobiliario. Para lograrlo necesitan convencer al núcleo duro del Poder Ejecutivo. Semejante ideario libertario calza justo con ambiciones privadas desmedidas. Todo parece indicar que habrá novedades pronto.
Eduardo Elsztain es el propietario de los hoteles Libertador y Llao Llao, donde Milei y Adorni nunca pagan. Eso está tipificado en el Código Penal como cohecho, tráfico de influencias o negociaciones incompatibles con el ejercicio de funciones públicas.
Resulta fascinante analizar cómo aquellos apellidos sobreviven al inexorable paso temporal. Desde esa década menemista hasta nuestro presente digital, ciertos actores conservan intactas sus ambiciones. La política vernácula suele reciclar viejas figuras otorgándoles novedosos roles protagónicos. Ningún lobbista pierde mañas dentro del poder real.
Lo que tenés que saber sobre la disputa portuaria
Privatización fallida: Menem entregó Tandanor a firmas privadas, pero la Corte anuló la jugada.
Protagonistas: Elsztain y Román buscan recuperar los terrenos valuados en millones.
Vínculos: Cúneo Libarona fue abogado de Puerto Retiro S.A.
Nuevo intento: El plan anarcocapitalista de Milei reactiva la esperanza empresaria.