La crisis presupuestaria obligó a los altos mandos a tomar una decisión drástica para garantizar la supervivencia mínima de las bases.
El histórico derecho al rancho diario quedó restringido exclusivamente para el personal de servicio esencial y los soldados que residen de forma permanente en las bases, dejando al grueso de los efectivos a la deriva a mitad del día.
La orden en la inmensa mayoría de las dependencias del país es estricta: las actividades empiezan al alba y se decreta el cierre total y la salida obligatoria entre las 12:30 y las 13:00.
Esta drástica reducción horaria no es un beneficio, sino una medida desesperada de subsistencia institucional para evitar encender las cocinas y descargar en el Estado la obligación de alimentar a la tropa. Una postal de la degradación salarial y logística que empuja a los uniformados a la economía de plataformas apenas se quitan la chaqueta de servicio.
La salida obligatoria antes de las 13:00 busca, lisa y llanamente, que los uniformados vayan a almorzar a sus casas por sus propios medios, permitiéndole al Estado un ahorro masivo en raciones, mantenimiento de cocinas y servicios energéticos en los regimientos.
Para intentar contener el malestar subterráneo que genera esta situación, el Ministerio de Defensa habilitó una “Asignación por Refrigerio”, un plus económico diario y no remunerativo que equivale aproximadamente al 0,35% diario del haber mensual de un Teniente General.
Sin embargo, el parche oficial se implementó con un criterio estrictamente centralista que multiplicó la indignación en las filas: solo se abona a quienes prestan servicio en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
El personal destinado en el interior del país padece el mismo recorte de comida pero debe costear traslados altísimos en regiones críticas como la Patagonia sin recibir ningún tipo de compensación.
El vaciamiento logístico de las Fuerzas Armadas expone una contradicción flagrante en el discurso de la seguridad nacional y la soberanía del Estado.
Mientras desde el poder central se declama la reconstrucción del orgullo militar y se compran aviones caza de segunda mano para los desfiles patrios, en el día a día de los cuarteles se ejecuta una humillación cotidiana: negarle el plato de comida a la tropa.
El "horario acotado" no es eficiencia administrativa; es una retirada institucional. Obligar a los suboficiales y oficiales jóvenes a mutar a las 13:00 en repartidores de comida o choferes de aplicación para llegar a fin de mes despoja de toda dignidad a la función militar.
Un Estado que no puede garantizar el rancho en sus regimientos es un Estado con la soberanía precarizada. El sesgo centralista del plus de refrigerio, además, demuestra un desconocimiento peligroso de las realidades fronterizas y patagónicas, donde el frío crudo de este junio exige calorías y los bolsillos ya no resisten los pasajes de transporte.
El peronismo provincial mira de reojo este descontento, mientras el oficialismo nacional confunde el ajuste del déficit fiscal con la desmovilización fáctica de sus propios instrumentos de defensa.
La postal se repite en las principales ciudades del país apenas el reloj marca el mediodía. Las calles linderas a las unidades castrenses se llenan de uniformados que, tras quedar liberados de sus tareas habituales, inician una segunda y obligatoria jornada laboral.
Al quedar liberados al mediodía, se suben a sus autos o motos particulares para trabajar en plataformas de transporte y delivery para compensar salarios que quedaron completamente desfasados y que no cubren la canasta básica familiar.
La flexibilización de facto de los horarios militares terminó por consolidar un fenómeno de pluriempleo que erosiona la dedicación exclusiva de la profesión.
Las jerarquías militares asisten con preocupación a un proceso donde el personal técnico y los cuadros jóvenes priorizan el descanso nocturno para poder sostener el ritmo de las aplicaciones de transporte durante la tarde y la noche, debilitando el adiestramiento y la operatividad de las fuerzas en pos de la mera subsistencia económica familiar.
Cierre de cocinas: Las actividades del grueso del personal finalizan obligatoriamente entre las 12:30 y las 13:00 para evitar el gasto de comida.
Rancho VIP: La alimentación en los cuarteles quedó limitada por completo a los soldados residentes y las guardias esenciales de 24 horas.
Plus centralizado: El Ministerio de Defensa otorga una "Asignación por Refrigerio" no remunerativa pero solo para los efectivos radicados en el AMBA.
Impacto en el interior: Las bases de las provincias y de la Patagonia sufren el mismo ajuste alimentario pero con el agravante de transportes carísimos.
Uniformados en Uber: El personal militar vuelca masivamente sus tardes al manejo de plataformas de viaje y delivery para completar ingresos mínimos.