martes 16 de junio de 2026 - Edición Nº5582

Política | 16 Jun

Brandoni, Misiones y la gestión de la nada

12:09 |


"Nada" es una de las series argentinas más celebradas de los últimos años. Dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, con la actuación magistral del recientemente fallecido Luis Brandoni y la participación especial de Robert De Niro, la producción conquistó audiencias dentro y fuera del país. La serie retrata a un hombre mayor que queda completamente perdido tras la muerte de su asistente, la mujer que durante 40 años sostuvo su vida. Un relato sobre la inercia, sobre los que ocupan un espacio sin llenarlo, sobre el tiempo que pasa sin que nada cambie y las decisiones que nunca terminan de tomarse. Misiones, bajo la conducción de Hugo Passalacqua, se parece mucho a eso. Demasiado.

Brandoni construye un personaje que no es malo, simplemente no está a la altura del momento que le tocó. Y eso, en política, es quizás la peor condena. Porque la mediocridad silenciosa hace tanto daño como la deshonestidad declarada. Un gobernador que no gestiona no necesita hacer nada malo: le alcanza con no hacer nada. Y Passalacqua no hizo nada. Dos años encerrado en una oficina que se volvió búnker, sin recorrer la provincia, sin pisar el barro, sin estar donde la gente lo necesitaba. Dos años de silencio administrativo que hoy intenta tapar con una gestión de cartón: actos armados, anuncios repetidos, fotos de obras que otros empezaron.

Porque lo que dejó Oscar Herrera Ahuad no era un punto de partida: era un estándar. Gestión concreta, decisiones, obras, impulso real. Una provincia que crecía, que se transformaba, que tenía rumbo. Lo que vino después fue exactamente lo que retrata la serie: personajes enquistados en una escena que ya pasó, incapaces de construir un nuevo acto, convencidos de que con aparecer alcanza. Que con el título basta. Que con el sillón viene la capacidad.

No vino. Passalacqua llegó al gobierno con todo a favor. Con una estructura consolidada, con equipos formados, con recursos, con una provincia que venía de una gestión sólida y con rumbo claro. Llegó con viento a favor y eligió no navegar. Se quedó quieto. Y una provincia quieta no es una provincia en paz: es una provincia que pierde terreno, que ve cómo sus problemas se acumulan mientras los que gobiernan buscan otra excusa, otro acto, otro anuncio que suene a logro sin serlo.

Y como en la serie, el elenco de fondo tampoco ayuda. Misiones fue testigo en estos años de algo que se instaló con comodidad pasmosa en los pasillos del poder: la cultura de la noche. No como metáfora, sino como práctica concreta. Funcionarios que terminan su jornada —cuando la tienen— y la continúan en bares, en fiestas, en reuniones donde el alcohol corre más rápido que las ideas. Exfuncionarios que no saben qué hacer de su vida fuera del Estado y vuelven no por convicción ni por vocación de servicio, sino porque afuera no tienen nada. Nada, como la serie. Nada, como la gestión.

La fiesta se volvió sistema. El gasto innecesario, política. Los viajes, los eventos, las cenas que no construyen nada pero que se pagan con plata de todos. Mientras la provincia sostiene su funcionamiento gracias al impulso acumulado de lo que se hizo antes, los que hoy están al frente celebran como si el mérito fuera de ellos. Como si heredar una provincia bien encaminada fuera lo mismo que conducirla.

En "Nada", el personaje de Brandoni queda completamente perdido cuando muere su asistente, la mujer que durante 40 años sostuvo todo, la que realmente hacía funcionar la casa, la que tomaba las decisiones cotidianas que él nunca aprendió a tomar. Sin ella, Manuel Tamayo Prats no sabe hacer nada solo. Y esa imagen resume a Passalacqua mejor que cualquier análisis político: un gobernador que heredó una estructura que otros construyeron, un aparato que otros pusieron en marcha, y que sin ese impulso previo no sabe hacia dónde ir. La gestión de la distracción. El gobierno del mientras tanto.

Passalacqua tuvo tiempo, tuvo recursos, tuvo la estructura que otros construyeron. Y eligió la nada. No la nada trágica de la serie, con su carga existencial y su profundidad humana. La nada cómoda, la nada conveniente, la nada que se disfraza de gestión con actos y anuncios que no se traducen en resultados reales para la gente de Misiones. La nada que sonríe para la foto y no aparece cuando hay que decidir algo difícil.

Por todo esto es que nace Encuentro Misionero. Como respuesta. Como alternativa. Un movimiento que quiere devolverle a Misiones la dignidad política, que busca correr la mezquindad del centro de la escena, que apuesta a demostrar que se puede gobernar con grandeza, con visión y con vocación real de transformación. Un espacio que entiende que la política se renueva con nuevas generaciones, con nuevas ideas, con conocimiento genuino, dejando de lado el ego y entendiendo que liderar también es saber cuándo dar un paso al costado para que otros puedan dar un paso adelante.

Y frente a ese vacío, la provincia empieza a mirar hacia otro lado. Hacia otros. Leonardo "Lalo" Stelatto, Oscar Herrera Ahuad, Lucas Romero Spinelli y Sebastián Macías no son personajes de una serie. No son figuras de la noche ni del cargo por el cargo. Son gestión concreta, expansión real, transformación con nombre y apellido. Representan lo que Misiones necesita, no como slogan sino como práctica: hacer, decidir, construir.

La historia reciente de la provincia alcanza para comparar. Y la comparación, como la serie, dice todo sin necesitar demasiadas palabras. Porque al final, la nada habla sola. Y Misiones ya escuchó suficiente.

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