domingo 21 de junio de 2026 - Edición Nº5587

Política | 21 Jun

Despilfarro en el conurbano profundo

El curro mundialista de $36 millones de Espinoza para solo 20 empleados de La Matanza

18:14 |El cinismo y la desconexión total con la realidad de los barones del conurbano bonaerense sumaron una postal obscena. Mientras las familias de La Matanza hacen malabares de circo para llegar a fin de mes y el distrito padece una crisis estructural sin precedentes, el intendente Fernando Espinoza decidió quemar la friolera de 36 millones de pesos públicos en una movida publicitaria ridícula: la instalación de una pantalla gigante al aire libre para transmitir los partidos del Mundial.


La ingeniería del absurdo que comanda el peronismo territorial en La Matanza batió su propio récord de impunidad. A los supuestos "cráneos" de la secretaría de comunicación local se les ocurrió montar un polo de aliento mundialista en pleno espacio público en un horario demencial.

La cita, pautada para las 23:00 horas en pleno invierno, ignoró por completo las condiciones de vida de los matanceros. Con una sensación térmica que cortaba la cara y en barriadas donde caminar de noche equivale a regalarse a la delincuencia, el vecino de a pie que madruga para ganarse el mango lógicamente ni asomó la nariz.

El resultado de la millonaria contratación directa de la pantalla y el sonido de alta fidelidad fue una escena francamente patética. Las imágenes del evento, que inundaron las redes sociales provocando la furia de los contribuyentes, expusieron una platea de cemento vacía.

Los únicos presentes en el predio fueron un puñado de 20 empleados municipales movilizados de forma orgánica para sostener los trapos, armar la estructura y simular una convocatoria comunitaria inexistente. Los 36 millones de pesos se evaporaron en apenas un par de horas de transmisión ante un público compuesto únicamente por la propia burocracia del feudo.


El teatro de sombras de un barón acorralado


El insólito "curro" de la pantalla mundialista en La Matanza sintetiza de manera brutal el colapso ético de la gestión de Fernando Espinoza. No se trata de un simple error de cálculo logístico o de un capricho folclórico; es una cachetada de ida y vuelta a millones de vecinos que viven sumergidos en la precariedad extrema, chapoteando en el barro cada vez que cae una llovizna. Financiar eventos fantasma por 36 millones de pesos mientras las salitas de primeros auxilios de la periferia no tienen gasas, pediatras ni ambulancias es un acto de delincuencia administrativa.

Espinoza gestiona el distrito más poblado del conurbano como si fuera su estancia privada de marketing, intentando tapar con circo barato y cotillón partidario el persistente olor a abandono de las barriadas matanceras.

Lo verdaderamente obsceno es que el intendente pretenda dar lecciones de sensibilidad popular mientras goza de una vida privada rodeada de lujos asfixiantes y acumula causas judiciales por abuso sexual que avergüenzan a la institución municipal. A los barones del conurbano ya ni siquiera les da la nafta para disimular: para la corona hay cajas millonarias y pantallas gigantes; para el pueblo, barro, baches e inseguridad.


La caja política por encima del asfalto y la salud


Semejante nivel de despilfarro no hace más que confirmar el orden de prioridades de la intendencia matancera. Esos fondos, que salieron directamente de la recaudación de las tasas de seguridad e higiene que asfixian a los comerciantes locales, representan exactamente el presupuesto que se necesita para sanear de manera definitiva varias cuadras de tierra que conectan los barrios populares del sur del distrito.

En La Matanza, la obra pública de fondo y estructural ha sido reemplazada por el maquillaje de los eventos de baja calidad y la pauta publicitaria en los canales metropolitanos.

Para la lógica del espinozismo, facturar eventos culturales o deportivos masivos —aunque terminen completamente vacíos por el miedo de la gente a salir a la calle— es una herramienta aceitada para mantener el flujo de la caja política.

El desprecio por la infraestructura básica demuestra que a la dirigencia local le importa un rábano alterar de manera positiva la calidad de vida de sus gobernados.

Hoy, La Matanza se consolida en el imaginario bonaerense como el triste símbolo de un feudo que se desmorona estructuralmente en los márgenes de las causas judiciales que acechan a su conductor, demostrando que la famosa "justicia social" peronista se congela cuando las luces de la pantalla se apagan.


Las claves del papelón millonario de Espinoza

  • El costo del absurdo: $36 millones gastados mediante mecanismos rápidos para alquilar tecnología audiovisual innecesaria.

  • Plazas desiertas: El clima adverso de junio y el terror a los robos nocturnos vaciaron la convocatoria de la intendencia.

  • El pelotón de munipas: La estructura solo sirvió para albergar a los empleados jerárquicos del municipio que debían dar el presente.

  • Salitas vaciadas: El derroche coincide con la falta de insumos médicos de primera necesidad en los centros de salud locales.

  • Prontuario en las sombras: El intendente acelera el gasto en propaganda para desviar la atención de su procesamiento por abuso sexual.

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