miércoles 24 de junio de 2026 - Edición Nº5590

Información General | 24 Jun

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Tose la Provincia, calla el poder: la tuberculosis crece mientras Kicillof mira para otro lado

11:35 |La enfermedad que el mundo desarrollado enterró hace décadas, prospera hoy en el conurbano bonaerense con una virulencia que desnuda el fracaso sistémico de una gestión que prefirió la épica del discurso a la urgencia de los hospitales.


Hay enfermedades que no regresan solas. Vuelven cuando alguien les abre la puerta. En la provincia de Buenos Aires, esa puerta lleva el escudo bonaerense grabado y fue dejada abierta por la gestión de Axel Kicilof con una negligencia que solo puede calificarse de criminal en términos sanitarios. La tuberculosis —mal de conventillos del siglo XIX, compañera de poetas románticos que tosían sangre— registró en 2025 nada menos que 5.915 casos en territorio bonaerense, convirtiendo a la provincia más poblada del país en el epicentro de una epidemia que el mundo rico superó hace medio siglo.

Los números son obscenos en su contundencia. Según el Boletín Epidemiológico Nacional N° 790/2025, Argentina acumula 16.445 casos anuales de tuberculosis, un crecimiento del 79,7% desde 2020. Buenos Aires y la Ciudad Autónoma concentran el 66,1% del total nacional. El conurbano bonaerense —Lomas de Zamora con 65,3 casos cada 100.000 habitantes, José C. Paz con 58,6— registra tasas que avergonzarían a cualquier ministro de salud del primer mundo y que, sin embargo, no parecen quitar el sueño al gobernador bonaerense.

"En inicio de 2026, los casos confirmados se ubicaron un 42% por encima de la mediana del período 2021–2025. No es una tendencia: es una catástrofe en cámara lenta con nombre y apellido político."

La tuberculosis no es una enfermedad misteriosa ni incurable. Tiene tratamiento desde la era antibiótica. Tiene vacuna. Tiene protocolo. Lo que no tiene —y esto es responsabilidad directa de quienes administran el Estadoes la infraestructura sanitaria de primer nivel que la contenga. El hacinamiento en el Gran Buenos Aires, la desnutrición crónica, la pobreza estructural que Kicilof administra con resignación ideológica en lugar de combatir con políticas concretas, son el caldo de cultivo perfecto para que el bacilo de Koch prospere como si estuviéramos en 1882.

La coinfección tuberculosis/VIH alcanzó en 2024 su nivel más alto desde 2009, con un 7,2% de los casos. El 60,7% de los diagnósticos recae sobre jóvenes de 15 a 44 años —la fuerza productiva de la provincia— y los menores de 20 años representan el 16,6% del total. Es decir: esta gestión está enfermando a sus niños. La meningitis tuberculosa —la forma más letal— registra en la provincia de Buenos Aires la mayor concentración de casos del país en menores de cinco años. Cinco años. Kicilof tendrá que explicarle a esas familias por qué en 2026 sus hijos mueren de una enfermedad del siglo antepasado.

El agravio institucional se completa con un dato que la comunidad médica no deja de señalar: la Coordinación del Programa Nacional de Tuberculosis fue disuelta en 2024. Desguazada. Eliminada en el contexto de una provincia que concentra la mitad de los casos del país. El Dr. Andrés Burke Viale, neumonólogo y co-coordinador de la sección Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, exige públicamente su restitución. Sus palabras no encuentran eco en La Plata.

Lo que está ocurriendo en el conurbano bonaerense no es mala suerte epidemiológica ni herencia pandémica inevitable. Es el resultado previsible de gobernar con eslóganes mientras los hospitales se caen a pedazos, mientras el hacinamiento en los barrios populares crece sin respuesta habitacional seria, mientras los programas de control sanitario se desfinancian con la misma desidia con que se ignoran los boletines epidemiológicos. La tuberculosis no eligió volver. La trajeron de regreso la incompetencia y la indiferencia. Y tiene domicilio conocido: Casa de Gobierno, La Plata, Buenos Aires.
 

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