Tras siete meses de parálisis institucional que mantenían trabada la agenda parlamentaria de la provincia de Buenos Aires, la vicegobernadora y presidenta del Senado, Verónica Magario, se vio forzada a ceder ante la presión de su propio espacio y convocar a la primera sesión ordinaria del año.
La medida no respondió a un consenso estratégico, sino a una salida de emergencia frente a los severos cuestionamientos públicos de figuras de peso del peronismo bonaerense, como el senador Sergio Berni y la titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales, Malena Galmarini, quienes calificaron la inacción como un "papelón" que desgasta la gobernabilidad de Axel Kicillof.
El búnker de silencio en el que se había transformado la Cámara Alta provincial sepultó más de 300 proyectos de ley esenciales para la gestión del Ejecutivo, dinamitando la paciencia de las distintas vertientes que componen el bloque oficialista. El encargado de romper la tregua mediática fue el exministro de Seguridad, Sergio Berni, quien fiel a su estilo confrontativo catalogó la inactividad como un "papelón" institucional y apuntó directamente contra la titular del cuerpo, imputándole una "mala gestión" en la articulación de los consensos políticos elementales para sesionar.
A la embestida del ala más ortodoxa se acopló la mirada crítica del Frente Renovador a través de Malena Galmarini. Desde su rol estratégico en la Comisión de Asuntos Constitucionales, la dirigente massista manifestó públicamente que la parálisis legislativa le producía "vergüenza" y admitió que, tras intentar mediar de manera infructuosa entre las tribus parlamentarias, se vio obligada a alzar la voz.
El malestar cruzado expuso que las terminales del peronismo provincial ya no estaban dispuestas a pagar el costo político del letargo legislativo mientras la crisis económica golpea con dureza los municipios.
La convocatoria de urgencia dictada por Verónica Magario para este 24 de junio es la constatación de un Senado provincial condicionado por la rosca sucesoria de cara a 2027 y divorciado de las urgencias de los bonaerenses.
Que la principal caja de resonancia de las leyes de la provincia haya permanecido siete meses blindada al debate público no obedece a trabas burocráticas, sino a una guerra fría de baja intensidad donde se dirime la conducción del peronismo.
La vicegobernadora, operando como escudo protector del proyecto presidencial de Axel Kicillof bajo el paraguas del "Movimiento Derecho al Futuro", optó por clausurar el recinto antes que exhibir las insalvables fracturas de su propio bloque, que pasó semanas descabezado y con casilleros institucionales vacantes.
Los reproches de Berni y Galmarini exponen que el internismo ha fagocitado la agenda del Estado: mientras las bases municipales reclaman recursos y contención social, sus representantes dedican el tiempo a medir el espesor de sus lapiceras políticas.
Los pasillos de la Legislatura platense reflejan de forma nítida la puja de fondo por el control del Partido Justicialista. En su rol institucional, Magario actúa en consonancia con la estructura del gobernador, promoviendo el armado provincial para blindar su proyección nacional.
Del otro lado, los sectores más duros del kirchnerismo emplean a Berni como un comisario político destinado a marcarle la cancha y desgastar cualquier intento de construcción autónoma que amenace la centralidad de las decisiones de la conducción tradicional. Esta disputa interna llegó a tal extremo que impidió durante meses consagrar autoridades de bloque uniformes, sumiendo a la Cámara en una acefalía de facto.
La fecha límite elegida por la vicegobernadora para abrir las puertas del recinto posee una explicación estrictamente reglamentaria. Magario comprendió que si continuaba dilatando los plazos, las bancadas de la oposición unificada —junto a sectores oficialistas desencantados— avanzarían en la solicitud de una sesión especial.
Semejante escenario habría dejado a la conducción del cuerpo en absoluta minoría y sin capacidad de veto sobre el temario, una derrota política que habría licuado por completo el escaso margen de maniobra que le queda a la Presidencia.
La sesión de este miércoles se presenta así como un terreno minado donde el peronismo dirimirá cuentas pendientes bajo la atenta mirada de la oposición.
Fin del letargo: Tras siete meses de inactividad ordinaria, el Senado vuelve a debatir presionado por los plazos reglamentarios.
El reproche de Berni: El senador apuntó contra la conducción de Magario, calificando de deficiente la articulación política del cuerpo.
Masa crítica: Galmarini sumó la disconformidad del Frente Renovador ante la imposibilidad de destrabar comisiones clave.
Acefalía legislativa: El bloque del Frente de Todos pagó los costos de coordinar una bancada sin liderazgos formales durante meses.
El fantasma del 2027: Las corrientes internas subordinan las leyes de emergencia provincial a la confección de las listas futuras.