La empresa —fundada por la mano derecha de Karina Milei, Mara Gorini— ha desatado una ola de intimaciones y cartas documento contra importantes y reconocidas cervecerías y sports bars locales: les prohíbe terminantemente usar fotos de Messi, de la Selección o promocionar que proyectarán los partidos para facturar. Sin embargo, el verdadero trasfondo de este "cepo futbolero" es una feroz interna milmillonaria: Foggia, asociada con DirecTV (Grupo Werthein), busca quedarse con la polémica privatización de Tecnópolis por 30 años.
El dispositivo de recaudación del entorno presidencial ha llegado a un nivel de capilaridad insólito, metiéndose directamente con el consumo popular en los comercios de barrio. A través de Foggia Group, el holding que controla los derechos exclusivos de proyección pública de la FIFA (public viewing) en territorio nacional, se inició una agresiva campaña de persecución comercial.
Importantes cadenas de cervecerías artesanales y locales gastronómicos han recibido cartas documento fulminantes con una prohibición explícita: pueden encender el televisor, pero tienen terminantemente prohibido promocionar el partido en sus redes, ofrecer promociones asociadas o exhibir imágenes de Lionel Messi o la camiseta argentina para atraer clientes.
La medida replica el modelo de los sports bars norteamericanos en México, pero aplicada con un sesgo confiscatorio en el mercado local. Los dueños de los locales gastronómicos, atrapados por el temor a demandas civiles multimillonarias de la FIFA y el entorno de "El Jefe", han tenido que recurrir a la ironía en sus pizarras y perfiles digitales para convocar al público, utilizando frases como "Vengan a ver la novela" o "Hoy pasa algo entretenido a las 16 hs".
Mientras el Gobierno pregona la desregulación absoluta, la empresa del riñón de Karina Milei utiliza el monopolio del fútbol para asfixiar a los comerciantes y privatizar el derecho al festejo colectivo.
El escándalo de Foggia Group y las intimaciones a los bares de barrio desnudan la colosal hipocresía moral del relato libertario. Mientras Javier Milei monta un show de indignación diaria contra artistas opositores como Lali Espósito acusándolos de "vivir del Estado", su propia hermana y jefa política, Karina Milei, cobija bajo su ala a Mara Gorini, una operadora que usa las estructuras estatales para su beneficio propio.
Foggia se cansó de morder cajas públicas: alquiló a precio de ganga el Palacio Libertad (ex CCK) para espectáculos comerciales caros y ahora, en sociedad con el pulpo financiero del Grupo Werthein (DirecTV), pretende quedarse con el predio de Tecnópolis por tres décadas.
El libre mercado que prometían era esto: prohibirle a un bar de barrio poner una foto de Messi para proteger los negocios de los amigos del poder, mientras la caja de YPF y el Banco Nación financia recitales VIP de Tini Stoessel y la SIDE distribuye efectivo para silenciar los gritos en los pasillos de Balcarce 50.
Acoso a los comercios: Foggia Group persigue judicialmente a los bares que usan imágenes del Mundial para promocionarse.
La testaferro de Karina: Mara Gorini traspasó las acciones de Foggia a su esposo para saltar a la función pública junto a la hermana del Presidente.
El retorno de Adorni: Investigan el desvío de $55 millones desde Foggia hacia la consultora fantasma de la esposa del vocero presidencial.
El desembarco Werthein: El Grupo Werthein se asocia a la mano derecha de Karina Milei para monopolizar Tecnópolis por tres décadas.
La caja de Tini: El Banco Nación e YPF aportaron millones de dólares para financiar los 9 shows de Tini Stoessel gestionados por la empresa oficialista.