En un hecho inédito que roza el salvajismo, el Concejo Deliberante de Berazategui se transformó en el escenario de una batalla campal protagonizada por los propios ediles de La Libertad Avanza. Lejos de debatir ordenanzas o articular medidas frente a la brutal recesión económica que golpea al conurbano bonaerense, los legisladores de la fuerza oficialista nacional resolvieron sus internas feroces a las trompadas ante la mirada atónita de los presentes.
El bochorno escaló a tal nivel de violencia que la presidenta de la bancada violeta, Cecilia Franco, terminó derribada en el piso al intentar separar a sus compañeros, exponiendo de la peor manera la descomposición de un espacio que, a la hora de la verdad, prefiere los guantes antes que el teléfono para gestionar.
La sesión legislativa en Berazategui derivó en un dantesco espectáculo de boxeo callejero que liquida cualquier pretensión de renovación democrática por parte del oficialismo nacional.
La discusión interna por el reparto de porciones de poder e intereses sectoriales subió de tono rápidamente hasta que los ediles libertarios decidieron dirimir sus diferencias a los golpes dentro de las instalaciones del propio recinto. Ganchos, insultos cruzados y empujones generalizados convirtieron la casa de las leyes local en una arena de vale todo.
En el epicentro del descalabro, la concejal y presidenta de la bancada de La Libertad Avanza, Cecilia Franco, intentó intervenir de manera desesperada para contener la furia de sus dirigidos y apagar un incendio político que ya era total.
No obstante, la lógica de la barbarie no reconoció jerarquías: en medio del tumulto y las agresiones físicas, la jefa del bloque recibió un fuerte impacto que la hizo comer baldosas frente a los trabajadores del cuerpo, la prensa local y los vecinos que asistían a la sesión, obligando a suspender la actividad parlamentaria en un clima de absoluta consternación.
El bochorno de la bancada violeta adquiere ribetes escandalosos al analizar el contexto político local. El violento episodio se desató apenas unas pocas horas después de que el intendente de Berazategui, Carlos Balor, les enviara una carta formal de carácter institucional al bloque de La Libertad Avanza.
En la misiva, el Ejecutivo local les solicitaba encarecidamente que abandonaran la lógica de la confrontación estéril y utilizaran sus bancas y supuestas "llegadas directas" a los ministerios nacionales para gestionar la urgente restitución de programas de asistencia, obras públicas paralizadas y prestaciones sociales que el gobierno de Milei le podó al distrito.
La respuesta de los representantes del oficialismo nacional al pedido de los vecinos no fue levantar el teléfono para gestionar comida para los comedores o fondos de infraestructura, sino armar un ring de boxeo improvisado en el recinto. En lugar de tender puentes con la Casa Rosada para aliviar la asfixia económica que sufre el municipio, los concejales prefirieron exhibir un penoso espectáculo de matones.
La parálisis de gestión que genera este escándalo deja al descubierto la total orfandad política de un espacio que, mientras el entramado social se hunde, dedica sus jornadas laborales a dirimir internas por el control de la caja distrital a la vista de todos.
Lo ocurrido en Berazategui no es un simple altercado de pasillo; es el espejo deformado de una fuerza política que llegó al poder impugnando los métodos de la vieja política pero terminó replicando sus peores vicios de forma salvaje. Que un grupo de concejales de Javier Milei convierta un Concejo Deliberante en un cuadrilátero y mande al piso a su propia jefa de bloque, Cecilia Franco, es la prueba de que el traje de funcionario público les queda inmenso. El desprecio por las formas democráticas y la nula capacidad de articulación política quedan en evidencia con un timing perverso: mientras el intendente Carlos Balor les ruega por escrito que se pongan a trabajar para destrabar prestaciones sociales ante el Gobierno nacional, los muchachos libertarios deciden solucionar sus internas a las trompadas. Esta "nueva casta" demuestra que su supuesta superioridad estética no resiste un debate de comisiones: ante la falta de argumentos, afloran los nudillos y las cajas.
Cuadrilátero en Berazategui: Concejales de Milei se desconocieron y terminaron su interna partidaria a las piñas.
Jefa de bloque derribada: Cecilia Franco intentó mediar entre los agresores y terminó cayendo al suelo del recinto.
El pedido de laburo: El intendente Carlos Balor les había exigido formalmente gestionar ayuda social ante Nación.
Traje grande: La Libertad Avanza expone una alarmante falta de idoneidad y seriedad institucional en el conurbano.
Sospechas de caja: Versiones del propio Concejo apuntan a que la pelea se originó por el reparto de recursos económicos y cartelera política.