La tregua interna en el universo peronista quedó definitivamente pulverizada. Tras los dardos envenenados lanzados por Máximo Kirchner en Parque Lezama —donde apuntó solapadamente contra el mandatario provincial al señalar a "los que hablan de unidad y ni siquiera son capaces de ir a verla"—, el Movimiento Evita recogió el guante y salió a blindar la figura del gobernador de la provincia de Buenos Aires.
El encargado de formalizar el contrataque fue Eduardo Ancona, principal referente bonaerense de la agrupación que lidera Emilio Pérsico, quien reclamó la "unidad más grande posible" para el Partido Justicialista pero aclaró que las diferencias deben saldarse en las urnas.
"Las candidaturas deben resolverse en las PASO. Si Máximo quiere, que compita en las PASO. Axel es nuestro candidato y está dispuesto a enfrentar a cualquiera en una interna", sentenció el dirigente sin medias tintas.
En sintonía con este posicionamiento, el referente del Evita en la Ciudad de Buenos Aires, Jonathan Thea, calificó los sistemáticos ataques contra Kicillof como parte de una situación "rara y peligrosa" para el futuro del movimiento popular. Thea fue tajante al analizar el costo geopolítico de la disputa y apuntó directamente contra la conducción camporista:
"Quien lo ataca públicamente termina siendo funcional para que Milei siga vendiendo la Argentina. Yo no veo una interna. Veo a un sector de nuestro propio espacio atacando a Kicillof, el candidato por lejos mejor posicionado para ganarle a Milei".
De esta forma, la organización social consolida un alineamiento con la gobernación de La Plata que se viene gestando desde hace meses, profundizando un distanciamiento de La Cámpora que tuvo su origen durante la gestión de Alberto Fernández.
La disputa entre los sectores denominados "cristinistas" y "kicillofistas" ha sumado una seguidilla de capítulos frenéticos en el plano mediático y legislativo. La escalada de hostilidades políticas comenzó a materializarse días atrás con las fuertes declaraciones de la legisladora porteña Berenice Iáñez, continuó con el encendido discurso de Máximo Kirchner ante la militancia porteña y sumó volumen político con las réplicas y contrarréplicas del ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, y el diputado provincial Facundo Tignanelli.
El debate puertas adentro dejó de lado los modales de la alta política para transformarse en un intercambio de agresiones directas que reflejan el nivel de descomposición de los puentes de diálogo.
El cruce más virulento de las últimas horas lo protagonizó el propio Tignanelli, espada legislativa de La Cámpora en la Legislatura bonaerense, al trenzarse en una dura disputa con el exjefe de Gabinete de la Nación, Juan Manuel Abal Medina. El diputado camporista acusó públicamente al exfuncionario de "vago", provocando una inmediata e incendiaria respuesta por parte del exministro coordinador, quien no dudó en catalogar a Tignanelli de ser un simple "chupamedias de Máximo Kirchner".
Esta degradación de la discusión institucional es la que llevó a las conducciones de las organizaciones sociales a advertir que el peronismo corre el riesgo de encerrarse en un laberinto de divisiones estériles que anule cualquier posibilidad de reconstrucción de cara al futuro cercano.
El espectáculo de debates internos que ofrece el peronismo en las últimas horas es el síntoma inequívoco de una fuerza política que prefiere discutir cajas y cuotas de poder interno antes que estructurar una alternativa sólida frente al experimento libertario. Que Máximo Kirchner utilice un estrado destinado a pedir por la situación judicial de su madre para pasarle facturas de vuelo corto a Axel Kicillof demuestra que La Cámpora concibe la política como un juego de sumisión o trinchera. El contraataque del Movimiento Evita, si bien expone una dosis de pragmatismo al defender al dirigente con mayor densidad electoral del espacio, no deja de ser otra puesta en escena de una interna que aburre y expulsa al electorado independiente. Mientras la oposición se desangra entre acusaciones de "vagos", "chupamedias" y "funcionales", el gobierno de Javier Milei avanza sin resistencia en su agenda de reformas estructurales. El peronismo parece no comprender que el barro de su propia interna es, precisamente, el combustible que alimenta la narrativa del oficialismo.
Emplazamiento electoral: El referente Eduardo Ancona desafió a Máximo Kirchner a dirimir las diferencias y liderazgos en una PASO interna.
El acto de la discordia: Desde el Evita criticaron que la convocatoria por la libertad de Cristina se redujo a una "trinchera de división" partidaria.
Kicillof como eje: La agrupación social ratificó su apoyo unánime al gobernador de Buenos Aires, considerándolo la única carta ganadora contra el oficialismo.
Guerra de lealtades: Jonathan Thea advirtió que desgastar públicamente la figura de Kicillof es una maniobra "peligrosa" que beneficia directamente a Milei.
Violencia verbal: El enfrentamiento escaló a nivel personal con descalificaciones cruzadas entre Facundo Tignanelli y Juan Manuel Abal Medina.