El peronismo porteño tiene en la Comuna 8 (Villa Lugano, Villa Riachuelo y Villa Soldati) un enclave territorial estratégico que funciona como un reloj suizo bajo la conducción política de Lautaro Eviner. En este 2026, marcado por el reordenamiento del PJ de cara a las próximas elecciones legislativas, Eviner —hombre de confianza de Juan Manuel Olmos— ha consolidado una red capilar con llegada directa a las organizaciones sociales, clubes de barrio y los complejos habitacionales que define la hegemonía del peronismo en el sur de la Ciudad.
No es casualidad que Leandro Santoro haya cosechado el 35% de los votos en este territorio durante los comicios de 2025: la estructura de Olmos demostró su capacidad operativa, blindando los distritos donde la gestión porteña tiene sus mayores fisuras y posicionando a Eviner como un operador clave ante la cúpula del partido en la Capital.
La hegemonía del peronismo en la Comuna 8 no responde a fenómenos abstractos, sino a una red territorial sofisticada y de largo aliento. Lautaro Eviner ha logrado integrar la identidad histórica del justicialismo con las demandas concretas de las organizaciones sociales y las familias que habitan los grandes complejos habitacionales de Lugano 1 y 2, Barrio Samoré y Soldati.
Esta capacidad de articulación directa le permite al espacio tener una presencia capilar y una respuesta operativa ante crisis vecinales que la gestión central de la Ciudad, muchas veces, no logra coordinar, consolidando un "refugio social" donde el peronismo es la única referencia política real.
En la Comuna 9 (Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda), el escenario se presenta más competitivo. Allí, el PRO ha consolidado a Maximiliano Mosquera como un operador de raza que entiende que el voto no se gana desde un estudio de radio, sino recorriendo el club de barrio y el centro comercial. Junto a César "Tuta" Torres, conformaron una dupla territorial que conoce cada baldosa de Mataderos y Parque Avellaneda.
Para el macrismo, el sur porteño sigue siendo un desafío, y la red operativa de Mosquera y Torres es vital para que el discurso de la "gestión" no se quede solo en el microcentro, garantizando la movilización necesaria para compensar la hegemonía peronista en Lugano.
El tablero político del sur porteño no es puramente bipartidista. En las sombras, los "viejos lobos" siguen moviendo los hilos. Daniel Amoroso, un operador histórico que no necesita fueros para tener poder, mantiene sus conexiones vivas en instituciones intermedias, demostrando que la movilización a veces vale más que una banca.
Mientras tanto, en Lugano, el esquema vinculado a Horacio Rodríguez Larreta —con el Turco Abbas y Claudio García a la cabeza— busca su lugar en este reacomodamiento, operando bajo el radar pero con la experiencia necesaria para desequilibrar cualquier interna. Se viene una partida de ajedrez donde el sur porteño, una vez más, será el juez final.