Hugo Passalacqua decidió romper uno de los códigos políticos que distinguieron al oficialismo misionero durante sus 23 años de gobierno: el respeto por los acuerdos internos. Esa es la interpretación que hoy predomina entre dirigentes históricos del espacio luego de que el gobernador comenzara a marcar distancia de Encuentro Misionero, el partido fundado por Carlos Rovira, y avanzara en la construcción de un esquema político propio con proyección hacia 2027.
La discusión ya no pasa por la inscripción de un nuevo partido ni por una diferencia de nombres. Lo que está en juego, sostienen dentro del oficialismo, es el cumplimiento del entendimiento político que permitió el regreso de Passalacqua a la Gobernación en 2023. Quienes participaron de aquellas conversaciones recuerdan que el acuerdo contemplaba un único mandato de cuatro años, hasta 2027, como parte de una transición ordenada del poder provincial.
Sin embargo, los movimientos del gobernador comenzaron a transmitir otro mensaje. En las últimas semanas reunió a intendentes, recibió a exjefes comunales históricos de la Renovación, mantuvo encuentros con dirigentes identificados con el clossismo y dejó entrever la construcción de una estructura política propia. Dentro del espacio gobernante interpretan que esas acciones ya no responden únicamente a la gestión, sino a la intención de discutir la conducción del oficialismo más allá del final de su mandato.
La señal política terminó de quedar expuesta con las declaraciones del ministro Coordinador de Gabinete, Carlos "Kako" Sartori, quien afirmó que Passalacqua nunca integró Encuentro Misionero y que tampoco fue convocado a formar parte de esa estructura. En el sector que conduce Carlos Rovira esa explicación no modificó el diagnóstico.
Por el contrario, consideran que la apelación a una supuesta exclusión llegó cuando el distanciamiento ya era evidente y terminó funcionando como la justificación pública de una decisión política previamente adoptada. “Se victimiza para romper los acuerdos y buscar otro mandato, para justificar su ambición personal”, aseguran.
La lectura interna es todavía más profunda. Recuerdan que fue esa misma conducción la que promovió a Passalacqua como vicegobernador en 2011, lo convirtió en gobernador en 2015 y volvió a confiar en él para encabezar la fórmula oficialista en 2023.
También señalan que durante todo ese recorrido fue la estructura política de la ex Renovación, que ahora está en Encuentro Misionero, la que construyó las condiciones de gobernabilidad: sostuvo las mayorías legislativas, aprobó los presupuestos anuales, administró la relación con los distintos gobiernos nacionales, negoció con la oposición cuando fue necesario y evitó conflictos que pudieran afectar la estabilidad institucional.
Por eso, dentro del oficialismo entienden que el conflicto excede una diferencia partidaria. Lo que observan es que el gobernador comienza a desconocer ahora a la misma conducción que durante más de una década respaldó su carrera política y garantizó las condiciones para que pudiera gobernar.
La paradoja resulta inevitable para quienes siguen de cerca la política misionera. El dirigente que fue tres veces elegido para ocupar los principales cargos institucionales con el respaldo de una misma conducción es hoy quien pone en discusión las reglas del acuerdo que hizo posible ese recorrido.
En Misiones siempre existieron diferencias internas. Lo que rara vez ocurrió fue que esas diferencias se tradujeran en una ruptura de los compromisos políticos asumidos. Esa es la razón por la que, puertas adentro del oficialismo, muchos ya no hablan solamente de una interna. Hablan de una ruptura de confianza que puede marcar el comienzo del cambio político más importante desde que el espacio llegó al poder en 2003.