Los pasillos de la Casa Rosada asisten a una mutación drástica en el verdadero organigrama del poder libertario. La estrepitosa eyección de Manuel Adorni no fue un hecho aislado, sino el catalizador de un golpe palaciego que consagra al "clan Menem" como el verdadero dueño de la botonera estatal.
La designación de Diego Santilli se cocinó bajo un subtexto humillante para la figura presidencial: la decisión final se cerró en la Quinta de Olivos mientras Javier Milei se encontraba en España recibiendo un premio académico para alimentar su ego.
Aunque desde el entorno presidencial intentaron montar el simulacro de que el canciller Pablo Quirno seguía en carrera, la realidad es que el ministro de Relaciones Exteriores quedó fulminado tras cometer el pecado político de alinearse con Santiago Caputo y defender a Martín Menem en redes durante el "affaire Rufus". "No había manera de que los Menem le dieran la Jefatura a Quirno", admiten en el Congreso, confirmando que la ventana se cerró en el acto.
Para frenar la desautorización flagrante, Santiago Caputo utilizó sus usinas en la red social X para fustigar a quienes capitalizaron el nombramiento de Santilli, forzando al propio Milei a llamar a empresarios amigos para convencerlos de que la lapicera había sido suya, mientras culpaba del ocaso de Adorni a una conspiración de Mauricio Macri y un multimedios.
Sin embargo, los casilleros del nuevo Gabinete demuestran lo contrario: Santilli debió aceptar que el clan riojano le impusiera al vocero presidencial, al secretario de Medios y al vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt. A cambio de "tragarse todos los sapos", el exvicejefe porteño logró que le habilitaran el control político de la gestión, la interlocución con el Congreso y la absorción del Ministerio del Interior para su mano derecha, Gustavo Coria, con un único norte profesional: pavimentar su candidatura a gobernador bonaerense el año próximo.
Con la Jefatura de Gabinete en el bolsillo, la sociedad política entre Karina Milei y los Menem avanzó de inmediato hacia su próximo objetivo militar: Patricia Bullrich. La ministra de Seguridad representa la última isla de autonomía política dentro del microcosmos oficialista, un activo indeseable para la triangulación del poder actual.
El anticipo del calvario que le espera a la funcionaria se vivió en la última reunión de bloque de los senadores libertarios, donde la Casa Rosada envió al vicejefe Ignacio Devitt junto a la senadora menemista Nadia Márquez para cruzar y descalificar de manera agresiva a la ex titular del PRO.
La ofensiva incluye la creación de un grupo de control de WhatsApp que incluye directamente a "El Jefe" Karina Milei, quien citó a los legisladores a Balcarce 50 para terminar de intervenir el Senado. En los pasillos del Palacio Legislativo la advertencia corre como reguero de pólvora: si Bullrich decide romper el bloque ante el hostigamiento, los Menem están listos para entronizar a Juan Carlos Pagotto como jefe de la bancada.
Pagotto, riojano y leal a la estructura familiar, ya controla la estratégica Comisión de Acuerdos que destraba los pliegos de los jueces federales que envía el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, otra pieza clave del engranaje riojano.
Gobernabilidad tercerizada: Santilli opera reportando directamente a Lule Menem para asegurar la viabilidad de la gestión diaria.
El repliegue de Caputo: Santiago Caputo retiene áreas técnicas del Estado pero fue completamente desplazado del armado político.
La trampa del Senado: El oficialismo prepara el desembarco de Pagotto en el bloque si el ala de Bullrich decide tensar la cuerda.
La herencia de Interior: Gustavo Coria desembarca en el control de las provincias bajo el paraguas de la Jefatura de Gabinete.
Frenos rezagados: En el entorno presidencial admiten que el temperamento de Milei estira los conflictos hasta el borde de la colisión total.