martes 30 de junio de 2026 - Edición Nº5596

Política | 30 Jun

la motosierra sólo destruye

El milagro de Milei: menos empresas, menos trabajo, más ajuste

11:31 |Hay estadísticas que describen una economía. Otras revelan el pulso moral de un país. La desaparición de 514.422 cuentas sueldo y de 35.448 empresas que dejaron de pagar salarios a través del sistema bancario entre diciembre de 2024 y marzo de 2026 pertenece a esta última categoría. El discurso del "equilibrio fiscal" está destruyendo todo...


No son simples registros administrativos del Banco Central: son cientos de miles de historias laborales que dejaron de existir bajo la forma que organiza la vida moderna, la del empleo formal.

Mientras el Gobierno exhibe el equilibrio fiscal como su mayor conquista, la economía productiva ofrece una postal muy distinta. El último informe del Banco Central muestra una fuerte caída tanto en las cuentas sueldo como en la cantidad de empleadores que pagan salarios mediante el sistema financiero. Aunque este indicador funciona como un proxy y no prueba, por sí solo, el cierre de todas esas empresas, sí refleja un deterioro sostenido del entramado laboral formal que sostiene a millones de argentinos.

Detrás de cada cuenta sueldo que desaparece no hay únicamente una cuenta bancaria inactiva. Hay una pyme que dejó de incorporar personal, un comercio que apagó sus luces, una fábrica que redujo turnos, un profesional que perdió estabilidad y una familia obligada a empezar de nuevo. La economía nunca fue solamente una planilla de Excel. Es, sobre todo, la suma de vidas que encuentran en el trabajo la posibilidad de proyectar un futuro.

Javier Milei sostiene que toda transformación profunda exige sacrificios. La pregunta inevitable es quiénes están pagando ese costo. Porque mientras el Gobierno celebra el ajuste del Estado y la desaceleración de la inflación, los indicadores del empleo formal muestran que quienes generan riqueza y sostienen la actividad económica atraviesan una realidad muy diferente.

Aristóteles advertía que la riqueza jamás constituye el fin último de una comunidad política, sino apenas un medio para alcanzar una vida buena. Cuando el equilibrio de las cuentas públicas comienza a convivir con el desequilibrio de miles de hogares, la discusión deja de ser económica para convertirse en un dilema profundamente humano.

Los 35.448 empleadores que dejaron de pagar salarios por el sistema bancario representan mucho más que un dato estadístico. Cada uno sostenía proveedores, clientes, familias, sueños y proyectos. Cuando desaparece un empleador, no se pierde únicamente una fuente de trabajo: se rompe una cadena de confianza construida durante años.

El verdadero éxito de un modelo económico no debería medirse únicamente por la estabilidad de los mercados, sino también por la capacidad de preservar el trabajo de quienes producen, invierten y sostienen el país todos los días. Porque un presupuesto puede equilibrarse en cuestión de meses. Una empresa tarda años en levantarse. Un empleo puede recuperarse. La dignidad perdida, muchas veces, no.

Y quizás allí resida la imagen más dolorosa de esta Argentina. Mientras los discursos oficiales celebran gráficos descendentes y metas fiscales cumplidas, hay cientos de miles de personas que ya no esperan un aumento, un ascenso o un bono. Esperan volver a tener un recibo de sueldo.

Porque cuando un país empieza a acostumbrarse a contar empresas cerradas y trabajadores que desaparecen de las estadísticas como si fueran simples números, deja de empobrecerse solamente en su economía. Empieza a empobrecerse en aquello que ninguna planilla puede medir: la esperanza. Y cuando una nación pierde la esperanza de que el trabajo vuelva a ser el camino para construir una vida mejor, el ajuste ya no recae sobre el Estado. Recae sobre el futuro.

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